Uno ya era campeón del mundo y se había retirado como director técnico de la selección argentina de fútbol. El otro ya lo había reemplazado y comenzaba su carrera hacia lo más alto en el Estadio Azteca. Menotti-Bilardo, Bilardo-Menotti.

Si bien tuvieron sus charlas futbolísticas en las que se marcó la cancha de cada uno, todo trascendía de forma apacible hasta una dura derrota del seleccionado en Toulon ante el Valladolid español en julio de 1983.

“Me sorprendió lo que pasó con la selección que fue a Toulon. Carlos Salvador Bilardo declaró que conoció a los jugadores en el avión y eso es dar una ventaja tremenda. No se deben otorgar esas concesiones”, declaró César Luis Menotti y el «narigón» se volvió loco: “No me gusta que técnicos o jugadores opinen sobre mi trabajo”. Pero le agregó un plus para que nada tenga vuelva atrás: “Y, además, no entiendo a los que se dicen hombres de Izquierda y andan a los abrazos con los militares”.

Desde ese punto de inflexión todo fue creciendo cada vez más, agresiones y bandos con los periodistas como principales protagonistas y llevadores de palabras. La pelea entre menottistas y bilardistas era tan evidente que hasta marcaba despidos en las grandes redacciones, como alguna vez se lo recordó Alejando Fabbri a Horacio Pagani en una de las peleas televisiva más duras y genuinas de la historia del periodismo futbolero, inmortalizando aquello del “payaso mediático”.

Sin embargo, Menotti y Bilardo nunca se habían enfrentado en un campo de juego. Eso sucedió recién el domingo 3 de noviembre de 1996, por primera y única vez en la historia. Jugaban nada menos que Boca Juniors contra Independiente en La Bombonera, dos de los clubes más importantes, sin dudas, pero esa tarde poco importaban. Todas las miradas estaban en los bancos de suplentes: los únicos entrenadores campeones del mundo, con sus ideas futbolísticas antagónicas, con sus séquitos de seguidores fieles tan enfermizos, eran las estrellas de aquella ocasión.

Fue tan larga la espera que apenas se anunció el fixture de aquel torneo todo el mundo hablaba solo de esa cuestión. En la semana anterior, El Gráfico les dedicó una edición especial a ambos. No faltó la palabra de Diego Maradona quien, si bien estaba en Boca, hacía un mes y medio no jugaba: “Las diferencias entre Bilardo y Menotti existen. A Carlos le gustaban Los Wawancó y a Menotti Mercedes Sosa. Bilardo prefiere líbero y stoppers y el Flaco la zona. Pero a los dos les importa el jugador, los caños, un sombrero. Tienen muchas cosas en común, aunque no se note”.

Los más de trece años de dicotomías se materializaban por fin. Dos décadas tan significativas de enfrentamientos, mensajes fuertes y golpes bajos se coronarían en 90 minutos de fútbol. ¿Se van a saludar? Esa era la pregunta cantada en la previa. “No, eso es imposible, jamás. Voy a decir lo que dijo Sábato alguna vez. Hay cosas que no se discuten, se castigan. Y cada uno castiga de la manera que cree”, dijo Menotti, llevando como siempre sus palabras hacia el plano de la literatura. Bilardo, más terrenal, fue más directo: “No, no quiero saludar a nadie. Pasaron muchísimas cosas que se manejaron muy mal, graves. Acá no es cuestión de reconciliación. Es cuestión de métodos de vida”.

Ganó el Independiente de Menotti 1 a 0, pero tampoco pareció importar mucho el resultado. Todo continuó igual, y sigue así en la actualidad. Para toda la eternidad.