Un 30 de abril de 1977, un grupo de mujeres desconocidas para la humanidad comenzó a marchar alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo. ¿Por qué? Las motivaba una sola cosa: la resistencia a las máximas autoridades que se apoderaron de la Argentina y la lucha por la recuperación de sus hijos, que fueron secuestrados por tener una convicción más fuerte que su propia vida, quienes fueron desaparecidos porque nunca se desligaron de sus ideales.
Entre ellas se encontraban tres mujeres que marcaron una impronta en la historia de esta organización que recién comenzaba: Esther Ballestrino de Cariaga, María Eugenia Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de Vicenti.
En una investigación llevada a cabo por Lucía García, periodista de género y prensa de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, narra la suerte (o desgracia) que llevó a estas tres mujeres a su desaparición.
BallestrinoNacida en Montevideo, aunque criada en Paraguay donde estudió Farmacia y se graduó como bioquímica y farmacéutica, Esther integró el Febrerismo, una organización política y combativa en dicho país, y el frente de mujeres, de manera particular. Como militante de izquierda reconocida, compartió encuentros con Salvador Allende, Ernesto «Che» Guevara, Zelmar Michelini (político y periodista uruguayo) y hasta fue invitada a Cuba cuando se consagró la Revolución.
Ballestrino había marchado por la desaparición de su hija y su yerno. Ana Cariaga, su hija, apareció con vida y Esther pudo encontrarse con ella. Sin embargo, decidió seguir en pie en la búsqueda del resto de los hijos de sus compañeras. Las demás Madres se asombraron y le preguntaron: “¿Cómo estás acá y no te quedás en tu casa cuidando a tu hija? No hace falta que sigas marchando”. La respuesta fue clara: “Me quedo en la plaza hasta que aparezca el último de los desaparecidos”. Según Lucía, desde ahí empezó la idea de la socialización de la maternidad. “Una madre es madre de todos los hijos, y todas las madres son madres de todos los hijos”.
maría-eugenia-ponceElla, tucumana, de familia trabajadora. El padre, administrador de una azucarera, y María Eugenia comenzó desde muy joven a trabajar en una panadería. Fue víctima de abuso por parte del dueño de la panadería, se defendió y dejó el trabajo. Una actitud poco común para aquellos años. Luego se casó, se fue a vivir a Buenos Aires, se definió como atea y socialista (en 1930 o 1940). Fumaba, usaba pantalones y era la encargada de manejar los negocios familiares.
Cuando la patota cayó en su casa para secuestrar a su hijo, ella se agarró «a las piñas con los militares». Típica imagen de las Madres, de enfrentar e increparlos en plena dictadura.
VillaflorHija de trabajadores en Avellaneda, su familia materna era, además, reconocida en el peronismo de base, en el sindicalismo de la zona. Azucena era ama de casa con tres hijos, y al ser secuestrado su hijo mayor, Néstor, salió a buscarlo. Se empezó a cruzar con las otras Madres en el Vicariato Castrense de la Marina, en el Ministerio del Interior, en la Iglesia de la Santa Cruz y otros lugares que ellas frecuentaban para pedir información sobre sus hijos desaparecidos. Hasta que un día, el 30 de abril de 1977, les dijo a todas las Madres: “No podemos hacer más fila acá, fila allá para que nos maltraten, que nos basureen. Nosotras tenemos que ir a la Plaza de Mayo y que todos nos vean, que el mundo sepa lo que nos está pasando…” En ese preciso momento fue cuando las Madres definieron que la plaza pública iba a ser su territorio de lucha.
Estas tres mujeres, reivindicadas como las mejores por todas sus compañeras de lucha, un tiempo más tarde fueron desaparecidas físicamente, pero nunca lo hicieron en el ideario de los hijos, de las Madres y de la gente que se unió en esta lucha que aún perdura.
plaza de mayoEn la Asociación de Madres de Plaza de Mayo, en estos días previos a la conmemoración de los 36 años de lucha incansable, se llevaron a cabo varios actos para que la gente pueda informarse un poco más sobre la historia de estas mujeres argentinas. El ciclo de cine «Madres, Cámara, Acción» en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM) ya terminó pero próximamente se va a poder volver apreciar. «36 años de Memoria Fértil» es un ciclo de arte y fotografía que enmarca toda su historia, expuesto a todo el público en La Plata, y se encuentra abierto hasta el 4 de mayo en el edificio anexo al Senado Provincial de la ciudad platense, ubicado en 7 y 49 (lunes a viernes de 9 a 20 horas). Este martes 30 de abril a las 18 horas, en el auditorio de la UPMPM, Hipólito Yrigoyen 1584, cierra Hebe de Bonafini el mes de actividades con un discurso, por primera vez desde el 24 de marzo pasado, en teleconferencia tras su internación por un cuadro asmático.
No se registran aún actividades en Abuelas de Plaza de Mayo, ni en Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

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