El médico especialista en clínica médica y cardiólogo, Daniel López Rosetti -que se volcó al tratamiento del estrés y es muy conocido por hablar de temas de salud-, explica que cambiar no es tan fácil.
La dificultad para cambiar no es un problema de actitud o falta de voluntad sino una cuestión biológica. Nuestro cerebro está programado de una manera que, muchas veces, nos juega en contra cuando intentamos modificar conductas.
El punto central es que el cerebro humano funciona como un sistema de ahorro de energía. Para ser más eficiente, automatiza todo lo que puede. Por eso, todo lo que repetimos se convierten en hábitos, y estos, como forman parte de nuestra rutina, permiten que hagamos cosas sin pensar demasiado. Desde acciones simples hasta conductas más complejas, todo lo que repetimos se vuelve automático.
El problema aparece cuando queremos cambiar. Modificar un hábito, según Rosetti, implica salir del «piloto automático» y empezar a tomar decisiones conscientes, lo que requiere más esfuerzo mental y mayor gasto de energía. Es así como el cerebro tiende a resistirse, ya que no le gusta derrochar energía en exceso.
Además, lo conocido genera tranquilidad. Aunque una situación no sea la ideal, el cerebro la prefiere porque es previsible. En cambio, lo nuevo activa una señal de alerta, ya que no sabemos qué puede pasar. Esto explica por qué muchas veces nos quedamos en zonas de comodidad que en realidad no nos hacen bien.
El cambio también tiene un impacto físico
No es solo una cuestión mental, el cuerpo reacciona con estrés, incomodidad o tensión. Esto demuestra que la resistencia al cambio es una respuesta biológica real. Muchas veces interpretamos esta dificultad como «no poder cambiar», pero en realidad lo que ocurre es que el cerebro está tratando de protegernos frente a lo desconocido.
Por eso, cambiar conductas lleva tiempo. No alcanza con decidir hacerlo una vez. El cambio requiere repetición, Rosetti se refiere a insistir hasta que el nuevo comportamiento se convierta en hábito. Cuanto más repetimos una acción, más fuerte se vuelve ese circuito en el cerebro.
Cambiar no es imposible, pero sí exige constancia, paciencia y comprensión de cómo funciona nuestro propio cerebro. Entenderlo también ayuda a tenernos un poco más de paciencia.