«Sintonía de amor»: tu misterioso alguien

La década del 90 fue una de las más prolíficas en cuanto a la producción de comedias románticas. “Sintonía de amor” es una de las más significativas de aquella época. Hay varias razones que la hicieron interesante: la dupla de protagonistas conformada por Tom Hanks -el joven que venía de protagonizar algunas comedias en la década del 80- y Meg Ryan, y la dirección de Nora Ephron, la guionista de “Cuando Harry conoció a Sally” (1989) en su debut como directora. Esta película hizo que la figura de Ephron, periodista de profesión, le diera un estatus, pues la película dirigida por Rob Reiner se tomó como un manual para las comedias de la nueva década: diálogos rápidos, tensión entre amistad y deseo, y la ciudad como protagonista.

Hay una lágrima sobre el teléfono

“Sintonía de amor” narra la historia de Sam Baldwin (Tom Hanks), que queda viudo y decida escapar de Chicago para comenzar una nueva vida en Seattle junto a su hijo Jonah (Ross Mallinger). Como el niño nota la soledad de su padre, decide llamar a la radio para contar su historia. Durante varias noches, la audiencia femenina se enamora de la ternura de ese hijo y de la melancolía de ese padre. Una de las oyentes es Annie (Meg Ryan), de Baltimore, que decide investigar y conocer a Sam, pese a los miles de kilómetros de distancia.

Hay una decisión de carácter estructural que separa a “Sintonía de amor” del resto de las comedias románticas de la época y es el que el encuentro de sus protagonistas no sucede hasta casi el final de la película. Sam y Annie no solo están separados físicamente por la distancia, sino que además se conocen de manera mediada: ella, escuchándolo por radio, y él, con las cartas que ella comenzó a enviarle.

Esto es una inversión del meet-cute, como se conoce a la escena donde se conocen los protagonistas, y que luego deben atravesar los obstáculos para terminar juntos. Aquí, Annie se enamora de un relato: un hombre solitario con un hijo a cargo y que abandonó su ciudad por la tristeza que le generaba. Durante varias escenas, ya sea con su madre o sus amigas, a Annie le hablan del destino, la magia, las señales. Claro que Annie no la tendrá fácil, ya que está comprometida con Walter (Bill Pullman), un hombre correcto, pero al que nadie le termina de convencer, no por maldad, sino por insulsez.

Por qué es una rom-com clásica

A pesar de esta modificación estructural que hizo “Sintonía de amor”, no deja de ser una comedia romántica, ya que mantiene varias características de este subgénero. La idea de encontrar al “hombre indicado” permanece en lo que siente Annie por Sam, aunque no desde un encuentro casual o un cruce de miradas (también lo hay), sino desde la palabra y el relato de él escuchados a través de la radio.

Otra de las convenciones presentes es el rol de los terceros en discordia. En el caso de Annie, está Walter (Bill Pullman), su prometido. Aunque en teoría es el primer obstáculo, Ephron no lo construye como un villano, sino como alguien totalmente insulso, falto de carisma y que a nadie le termina de convencer, excepto por pena. Walter, con su forma de ser, le asegura a Annie una vida estructural y previsible, sin ningún riesgo que tomar. Por el lado de Sam, consigue una pareja, Victoria (Barbara Garrick), más por presión de su entorno que por deseo propio. Sin embargo, más allá del rechazo de su hijo, no constituye una amenaza real. El espectador sabe que es algo pasajero, pues ese romance no se construyó en ningún momento y se nota la falta de pasión entre ambos, además del rechazo de Jonah.

Otro personaje clásico de las comedias románticas es el de Becky (Rosie O’Donell), la amiga de Annie al que ella le brinda todas sus confidencias y que funciona como contrapunto racional y cómico: le indica lo irracional que es enamorarse de alguien por la radio, pero también la anima a actuar. Becky aporta el contrapunto humorístico y racional para equilibrar el romanticismo de Annie.

Por último, aparecen las ciudades como un lugar clave donde funciona el amor. No es el caso de Seattle, la principal (y que forma parte del título), descrita por los personajes como triste por sus constantes lluvias, sino que es Nueva York la ciudad mencionada como un lugar mágico en donde el amor se realiza y, más precisamente, el edificio Empire State Building, retomando un imaginario ya instalado por otras películas románticas. Seattle es la ciudad para sobrellevar el duelo, mientras que Nueva York lo es para volver a enamorarse.

“Sintonía de amor” es una película consciente de su género y construye su relato a través de referencias. Annie y su amiga Becky utilizan “Algo para recordar” (1957) como el modelo de amor ideal en la pantalla grande. Es por esto que se habla del encuentro en el Empire State Building, escenario del reencuentro entre Nickie Ferrante (Cary Grant) y Terry McKay (Deborah Kerr), en la cinta de Leo McCarey. Ephron le escapa al plagio nombrando la película y usándolo de recurso metatextual dentro del género: una película de los noventa reflexionando sobre los modelos clásicos de la comedia romántica.

Algo mágico en el aire

La película tiene varias capas que exceden a las convenciones del género. Una de ellas es el duelo que siente el protagonista desde el inicio. Sam no es un soltero ni un hombre que intenta superar una ruptura amorosa, sino que es alguien que sufre la pérdida de su esposa, tanto que hasta debe mudarse de la ciudad para escapar de los recuerdos que lo persiguen. Del dolor, nace una nueva oportunidad.

Por el lado de Annie, hay una superstición excesiva en el destino y las señales, que operan como fuerzas orientadoras de la vida de las personas. Por esto está más convencida de conocer a Sam, ese hombre que escucha en la radio, que de comenzar una nueva vida con Walter, su prometido. Como una tradición del género, el amor funciona más como algo mágico que racional.

Ya no las hacen así

La comedia romántica es uno de los géneros que más sufrió el cambio de la industria cinematográfica. En la década del 90, “Mujer bonita” y “Un lugar llamado Notting Hill” fueron dos de los grandes éxitos que tenían un elenco de estrellas y garantizaban una buena cantidad de público. El género ocupaba su lugar dentro de Hollywood y encontraba en las salas su espacio natural.

En la actualidad, el género se vio marginado de las grandes salas, refugiándose en el streaming. Al mismo tiempo, las historias originales, de las que Nora Ephron y Richard Curtis supieroN destacarse, perdieron terreno frente a las adaptaciones literarias. “Yo antes de ti”, “A todos los chicos de los que me enamoré” y “Locamente millonarios” son algunos de los ejemplos más exitosos, donde se busca reducir el riesgo comercial con historias ya consolidadas en otros medios.

El debut como directora de Ephron, la química de los protagonistas y la decisión de reformular una de sus características más importantes, le permitieron a “Sintonía de amor” trascender su época. Aunque las cartas y las radios continúan existiendo, hoy parecen ser un recurso lejano en un presente donde las aplicaciones y las redes sociales se convirtieron en medios más utilizados para conocer gente. Precisamente por eso, “Sintonía de amor” trascendió: porque habla de esa época tan lejana y nostálgica, donde las historias de amor eran mágicas y podían verse en una sala.

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