La Basílica de San Pedro acoge en su interior a la Santa Sede, el templo religioso más importante del catolicismo y la iglesia, donde el Papa celebra las liturgias más importantes y tiene una capacidad para 20.000 personas. En la Meca, el lugar sagrado del islam por excelencia, la plaza frente a la Kaaba usualmente llena de fieles este viernes estaba vacía y silenciosa, al igual que la Basílica de San Pedro. La Mezquita Azul de Estambul, la Cúpula de la Roca en Jerusalén y la Mezquita Hassan II en Casablanca cerraron sus puertas al mismo tiempo por primera vez. La Semana Santa llegó al mundo sin feligreses en las liturgias, con basílicas vacías y rezos de manera online.

La intensa propagación del coronavirus en el Oriente Medio provocó que muchos gobiernos bloquearan las oraciones de la comunidad y sellaran los lugares de culto, para no permitir las multitudes peligrosas. Piden a los fieles rezar en sus casas, trabajos, parques o en las calles.

Resistencia a la prohibición de rezar en aglomeraciones

Hasta el 21 de marzo la prensa denunciaba que en Jerusalén, donde la Cúpula de la Roca y la vecina al-Aqsa (el tercer lugar sagrado más importante del islam) estaban cerradas y los líderes religiosos permitieron el acceso a la plaza donde se encuentran las dos mezquitas. Durante la jornada, los fieles se enfrentaron con la policía israelí, que trató de limitar las entradas para evitar las reuniones masivas.

Para esos mismos días y cuando no era tan visibles las cifras por el COVID-19 del Cairo a Mogadiscio, pasando por Karachi, los fieles abarrotaban las mezquitas, desafiando el virus y las recomendaciones. En la metrópoli más poblada de Pakistán los lugares de culto estaban, como siempre, llenos de gente. En la capital egipcia los lugares de culto estaban abiertos, pero las autoridades religiosas pedían que acortaran los sermones y oraciones, pidiendo a los fieles que rezaran las oraciones desde sus casas.

En Siria, arrasada por casi una década de guerra, por primera vez en mil años la Gran Mezquita de la Omeya fue cerrada a los fieles, un cierre generalizado que no tiene precedentes en la memoria viva y que confirma la gravedad de la situación por el virus COVID-19.

Carta al Papa

La teóloga Shahrzad Houshmand analiza la carta del Ayatolá iraní, Alireza Arafi al Papa, y señala la necesidad de crear una alianza entre las religiones contra el gran enemigo común: una pandemia que, como la última de las plagas de Egipto, aterroriza al mundo y pone en jaque la fe.

Shahrzad Houshmand Zadeh, teóloga musulmán y profesora de la Universidad La Sapienza de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana en diálogo con Vatican News señala la importancia del papel que las organizaciones religiosas están desempeñando en la gestión de la crisis y el fuerte espíritu de solidaridad que anima al pueblo iraní.

Houshmand relanza el mensaje del Ayatolá, Alireza Arafi, rector de la Universidad de Qom, que en su carta dirigida al Papa Francisco, en nombre de una gran comunidad académica chiíta, propone «una comunidad de religiones reveladas al servicio de la humanidad» para hacer un frente común contra la pandemia.

El Ayatolá Alireza Arafi dirige el centro más importante de la academia religiosa tradicional de Qom, acoge más de 50 mil estudiantes y muchos países del mundo participan en su academia. En su carta retoma el Corán para pedirle al Papa que cree una alianza de religiones. En la misma señala el papel de los líderes religiosos y teólogos en tales circunstancias como el contexto actual por la pandemia, como dice el Ayatolá Arafi en su carta a Francisco: «Es fortalecer los fundamentos de la fe, proteger la sociedad, promover la oración y la súplica en la presencia de Dios… Pero también hay una advertencia a los gobernantes para que permitan este abrazo unificado, dejando de lado todo lo que divide en vista del bien común».

La fe en Latinoamérica

América Latina, la región de donde proviene por primera vez un Papa, aún tiene predominio católico: 59% de sus habitantes se declara como tal, según una encuesta de la organización Latinobarómetro en 18 países, divulgada en enero del 2018. Asimismo, el 19% de los latinoamericanos se definen como evangélicos.

En 2017 un 66% de la población argentina se declaró católica, según el más reciente informe publicado por la misma ONG. Así, el país se ubicó como la 8° nación con el mayor porcentaje de población católica por detrás de Paraguay, México, Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y Venezuela.

También el 21% de las y los argentinos declaró no tener ninguna religión, ser ateo o agnóstico. Otro 10% dijo profesar la religión evangélica y un 3% otras creencias. Estas proporciones van en línea con el resultado de una encuesta realizada en 2008 por un grupo de investigadores del Conicet, que es encabezado por el sociólogo especialista en el tema, Fortunato Mallimaci.

Hoy las iglesias católicas, al igual que las mezquitas, en Argentina se encuentran cerradas. Los feligreses por medio de videollamadas o llamadas telefónicas contienen la fe que persiste en medio de la pandemia.

La música como demostración de fe

Primitiva, un dúo cristiano de artistas que resiste a las críticas, comenta su lucha desde el arte y la música. Su objetivo es contener a las personas que se sienten excluidas por pensar distinto dentro de un sistema rígido de culto que no permite críticas al sistema.

Primitiva nace de la fuerza del amor en Cristo, del pensamiento en la libertad de expresión y la creatividad que genera la fe. Esta banda con matices rockeros nos invita a reflexionar y poner en manifiesto nuestra fe para sanarnos. Su mensaje trasciende las iglesias y penetra otros lugares para posicionar la verdadera fe en Cristo.

«La salvación no se encuentra en la riqueza material, ni en el éxito personal. Hay muchas otras cosas que mueven la fe y nos invita a salvar nuestras almas. Sentimos un profundo respeto por los no creyentes porque entendemos el descontento en el sistema que se ha creado. Nuestra música es un estilo de vida y un homenaje a la palabra plasmada en la biblia», asegura Primitiva.

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