El 18 de febrero se sumó al catálogo de Netflix la nueva película de Pedro Almodóvar, «Madres paralelas». Unos días antes, la plataforma ya había incorporado 11 largometrajes del director.

Este evento invitó a revisitar o descubrir su filmografía, según el caso. En particular, dediqué una porción de mis fines de semana a encontrarme con mi propia madre a ver estas películas. Cuando llegamos a «Madres paralelas» me preguntó: «¿Qué va a pasar cuando Almodóvar ya no esté?». Por qué me hacía esa pregunta, pensé, y me dijo lo siguiente: «Es que no hay otros con esa forma de ver las cosas», y le respondí que no sabía.

En el Festival Internacional de Cine de Venecia del año 2019 homenajearon al español con el León de Oro a la Trayectoria y fue la directora argentina Lucrecia Martel quien puso en palabras algo de lo que significa la obra de Almodóvar: «Esos livings de empapelados desquiciados, los enfermeros amantes, esas alfombras de animal print, los peinados con spray, las mujeres asimétricas y los aros de cafetera nos hicieron más libres. Nos liberaron del buen gusto, de la buena educación, de la moral mezquina de los que se llaman a sí mismos normales».

Otra cosa que había mencionado Martel en ese momento es que, frente a un mundo donde la ultraderecha emerge como si nada hubiera pasado, necesitamos sus películas más que nunca. Que dos años después tengamos «Madres paralelas» parece una respuesta a ese llamado urgente.

Janis (Penélope Cruz) y Ana (Milena Smit) se encuentran en una sala de hospital a punto de dar a luz, coinciden como madres solteras y las diferencia su forma de afrontar el parto y la maternidad. Mientras Janis está contenta, Ana es una joven adolescente cargada de miedos, dudas y arrepentimiento.

Luego del parto, cada una sigue con su camino pero ambas conectadas. Ana comienza a crecer de golpe y Janis, por su parte, continúa buscando que se inicie una excavación en su pueblo, donde todo el mundo sabe que hay una fosa en donde estaría enterrado su bisabuelo y otros diez hombres asesinados en los primeros días de la Guerra Civil. Aquí aparece mencionada la Ley de Memoria Histórica y, con ella, se terminan de despertar las incomodidades de un sector de la población española.

El antecedente Goya 2019

La relación entre este tipo de cine y la extrema derecha en España puede funcionar como un espejo en el cual vernos reflejados. En su caso, el líder del partido Vox ya había manifestado un enfrentamiento con el cine español al no haber sido invitado a los Goya en el año 2019. Santiago Abascal afirmaba que «una vez más, se demuestra que esa mafia que hay en torno al cine y que persigue a los propios actores y directores que no son afectos a la izquierda o a la extrema izquierda actúa como esperábamos: señalando, apartando y expulsando a una parte de los españoles y vaciando las salas del cine».

Además, concluía que «estamos hartos de que nos hablen mal de nuestro país, estamos hartos de que nos hablen mal de nuestra patria, estamos hartos que nos hablen mal de nuestros padres y de nuestros abuelos. Así que ni nos inviten porque no vamos a ir a ningún sitio donde se insulta a todo lo que creemos y a todo lo que sentimos. Mientras tanto, seguiremos viendo a Mel Gibson, Clint Eastwood o el que haga falta». En aquel momento, Almodóvar no los nombraba y decía «les niego la existencia».

Difícil recepción de «Madres paralelas»

Pedro Almodóvar afirma que “presentía que habría una frialdad respecto a la película por parte de la mitad del país, y la atribuyo al tema del que trato: la memoria histórica. España siempre ha sido un país dividido y lo sigue siendo. A toda una parte de la derecha, la película no le hace ninguna gracia”, y reconoce que el proyecto existía hacía varios años pero que tomó otra dimensión a partir de la constitución de Vox como tercera fuerza en el Congreso. «Me pareció que era más necesario que nunca recordar de dónde venimos y contrarrestar el revisionismo de la extrema derecha».

La película pone a su protagonista en un dilema moral casi imposible. La línea política más cruda avanza subyacente en el medio del melodrama y se manifiesta como destellos de un camino del pasado que guía los pasos del presente de quienes honran la memoria.

También ubica a Ana en un lugar joven y distanciado de aquello que cree que no le corresponde hacerse cargo, pero qué pasa cuando se piensa en el futuro propio abandonando el pasado social. ¿Hay futuro posible? “Hay más de 100 mil desaparecidos enterrados por ahí en cunetas y cerca de cementerios. A sus nietos y bisnietos les gustaría poder desenterrar los restos de sus familiares para poder darles una sepultura digna, porque se lo prometieron a sus madres y a sus abuelas, y hasta que no lo hagamos no habrá terminado la guerra”, dice Janis.

Estas líneas que afirman que la guerra no terminó nos sacuden a pensar en las llagas de la derecha que se están abriendo una vez más como síntoma de aquello. De esta manera, «Madres paralelas» se inscribe en la actualidad política representando la parte más humana de la crisis que no se resuelve con panfletos sobre la rigurosidad moral sino con metáforas que conmuevan nuestro ser.

Así que no, no sé que va a pasar cuando Almodóvar ya no esté.

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