¿Con la Luna qué hacemos? Le cantamos una canción, se la regalamos a nuestro amor, mandamos cohetes dudando hoy día si llegaron a ella y pisaron su suelo, los perros y los lobos le aúllan, nos fijamos en qué fase está para cortarnos el pelo. Pero…
En Astrología la Luna, ese satélite tan cercano y enigmático, representa ni más ni menos que la energía maternal, nutritiva. Un poco más allá, leyendo el Mapa Natal, nos habla de aquellos mandatos aprendidos de parte de quienes nos rodeaban cuando niños; según en qué signo y en qué Casa o área de vida esté ubicada, y cómo esté relacionada con otros planetas, nos cuenta cuáles fueron esas texturas emocionales que se respiraban en mi hogar desde mi más tierna infancia, a partir de las que desarrollé respuestas más o menos automáticas: neurosis.
Ya sé que muchos de ustedes ya están po-dri-dos de “trabajar” con mamá y papá recorriendo las más diversas y variadas técnicas y enfoques terapéuticos. Para ver una y otra vez que mamá está presente en mi pareja o en mi compañera de trabajo, que papá y mi jefe son fotocopias de un original fallado y mal impreso, que mis hermanas/os me jodieron la vida porque soy el más grande, el del medio, el más chico o porque no nacieron y soy hijo único.
¿Qué fue lo que nos hizo creer que la evolución del ser humano es una línea recta que íbamos a recorrer con mayor o menor empeño pero que siempre nos acercaríamos y llegaríamos al final del camino algún día?
Los dioses celestes, esos cuerpos que llamamos planetas… giran. Y lo vienen haciendo desde el principio de los tiempos y lo harán hasta que alguien, si no es Dios, así lo disponga. El giro no necesariamente nos tiene que remitir a una calesita que da vueltas en forma interminable en el mismo lugar… no nos pongamos tan pesimistas, por favor. La idea de giro bien nos puede llevar a la imagen de la ya famosa “espiral ascendente”: como subiendo por un resorte, iremos pasando una y otra vez por cada una de estas temáticas y otras tantas, con la salvedad de que en cada nuevo rulo estaremos más y más conscientes y liberados del asunto en cuestión.
Ya que la neurosis es la repetición desde la respuesta automática aprendida que le ofrecemos a la vida cada vez que esta nos desorienta y nos asusta, ¿qué tal si nos proponemos vincularnos con la Luna de maneras inéditas? Tal vez aullándole en una noche oscura de Luna nueva, escribiendo esa poesía cursi que siempre nos dio enorme pudor bajar a un papel, cantando desaforados en la ducha o en la calle ese bolero que la alaba o la maldice, o imaginamos por esta vez que en lugar de llegar cohetes habitados por humanos, es un gigantesco misil el que se impacta en su superficie no dejando rastro alguno de su existencia en el firmamento.
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Félix Olivari Tenreiro.