Las doce casas que componen el mandala zodiacal se consideran áreas de la vida o «topos» (espacios) arquetípicos y universales que todas las personas transitamos a lo largo de la existencia. Estas áreas pueden considerarse también espacios psíquicos o componentes de nuestro aparato anímico. Las casas no se encuentran igualmente desarrolladas en los diversos individuos ni se revisten de la misma cualidad energética. Estas son las particularidades que nos muestra la carta natal.
El mapa propio nos indica cuál es la cualidad energética apropiada para transitar la experiencia de la casa (signo que abre la casa) y cuáles son los personajes que podremos desarrollar en ese espacio (planetas).
Las doce casas son el marco de referencia estable de la astrología, son el campo espacial fijo a través del cual transitan los planetas. Estos planetas son figuras mitológicas y arquetípicas. Según Jung no son los astros materiales los que nos influyen sino la sincronización que tenemos con sus ciclos y las mitologías que hemos tejido alrededor de ellos las que los vuelven tan poderosos ante nosotros. El cielo y sus movimientos naturales tienen su reflejo y su resonancia con nuestros movimientos en el cielo interno o aparato psíquico. Es por ello que, al proyectar la matriz fija de las doce casas en el cielo al momento de nuestro nacimiento, podemos confeccionar ese mapa que es la carta natal individual.
El mapa natal nos muestra entonces cómo se ubican las 12 constelaciones zodiacales alrededor del mandala fijo (las casas) y cómo se disponen los planetas dentro de él.
La astrología es una disciplina sumamente antigua y fue modificándose con el tiempo. Actualmente asistimos a un momento cultural donde conviven varias ramas de la astrología, por ejemplo: la astrología tradicional, la esotérica, la arquetipal o psicológica y varias técnicas nuevas que trabajan la astrología horaria o predictiva. Veremos algunas diferencias en la conceptualización de las 12 casas desde la astrología helénica, la tradicional y la arquetipal.

Casa 1

Para los astrólogos helénicos a la casa 1 se la denominaba Timón. Ellos no consideraban aún el mandala en reposo con las regencias fijas como los astrólogos modernos (de Aries a Piscis), con lo cual la casa 1 estaba vinculada a Mercurio. El timón es una bella forma de llamar al ascendente, que es el signo que inicia la carta natal. Es un punto de vida y nacimiento, rige el surgimiento de la manifestación y el pasaje de la invisibilidad al nacimiento. El timón hace referencia a la energía zodiacal que comanda la carta, que la dirige y la reviste.
Para los astrólogos tradicionales la casa 1 está vinculada también al ascendente pero se asocia con Marte y Aries como regentes naturales en un mandala en reposo. Es la casa de los inicios y del yo, en casa 1 asistimos a la conciencia de la propia individualidad.
Para los astrólogos arquetipales, es decir para nosotros, la casa 1, al ser el ascendente, se vincula con la salida del Sol (el Sol sale siempre por el Este, dirección cardinal donde se ubica el ascendente). La salida del Sol representa ancestralmente el comienzo de la actividad, el inicio de la jornada. Del mismo modo la casa 1 se asocia con el comienzo de toda existencia. Esta casa y su energía regente (llamada ascendente), muestra el modo particular en el que un sujeto se relaciona con el universo, nos indica con qué cualidad energética estuvo impregnado el inicio de su vida. Este modo de vincularse es lo que define su identidad. La casa 1 nos habla de cuál es la manera de sentir, pensar y moverse del sujeto, cómo experimenta su ser en el mundo, su individualidad. Esta casa, entonces, nos muestra a través de qué energía (ascendente) el sujeto puede descubrir quién es, cuál es su individualidad única y su sentido particular de existencia. Tiene que ver con la posibilidad de nacer y re-nacer. Es, por lo tanto, una casa de transformación. En ella volvemos a iniciar nuestros ciclos renovados y con nueva conciencia. Es el punto de anclaje inicial del Viaje del Héroe y el receptáculo de todas las experiencias y vivencias que vamos atravesando. Si algo busca el Viaje Heróico es transformar al yo, ampliar la identidad y volvernos cada vez más parecidos a lo que realmente somos. De ese modo, la casa 1 es el inicio y el final del viaje, así como el agente que se transforma con cada experiencia. Todo lo que vivimos en otras áreas de la carta debe referenciarse al yo (casa 1) para que se haga consciente.
En la próxima nota estaremos abordando las casas que nos restan, que son 11.