¿Cómo no sentir el amor, placer y hasta calma por la comida? ¿Cómo no agasajar y mimar al otro con algo rico que le guste? ¿Cómo no regalar un chocolate con un «te amo»? ¿Cómo no pensar en algo que nos gusta cuando estamos tristes?

¿Te pusiste a pensar que el alimento es el primer objeto en la vida que nos vuelve seres deseantes? Sí, nuestra primera vivencia de satisfacción depende de muchas cosas, pero sin el alimento que nos calma, no hay amor que alcance.

Es por todo esto que esta asociación alimento-amor-calma es tan primaria que sería una verdadera locura pensar que las ganas de comer simplemente porque sí, o porque nos tentamos o estamos tristes es porque «tenemos alma de gordos» y que, además, «nos falta fuerza de voluntad para vencerla».

Con todo esto, queremos reforzar que el alimento tiene funciones nutritivas tanto como placenteras, y que está claro que comer, por ejemplo, cuando estamos tristes, no nos va a calmar la angustia como cuando éramos bebés, pero si lo pensamos como algo que nos pasa a todos y sin culpa alrededor, sería un simple mimo y hasta lo podríamos disfrutar y seguir llorando sin agregarle conflicto ni estrés a la situación de base, así como cuando tenemos ganas de comer algo rico porque nos tentamos.

Es por eso que comer por y con placer es saludable siempre que lo elijas genuinamente y puedas disfrutarlo sintiendo placer al comerlo. Porque, en ese momento, el alimento te hace vivir una sensación placentera y te hace bien.

Si querés escuchar más de este tema podés hacerlo en Grandes Chicas, donde la nutricionista Silvina Cháves estuvo hablando de ello.

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