«Gritemos libertad para que nunca más la masacre inunde el territorio. Gritemos libertad, para que nunca más un gobierno asesine a sus jóvenes, libertad para que nunca más una política económica le quite la comida a la niñez, libertad para que los sueños se puedan cumplir y una democracia se pueda construir, para que una república sea posible y se construya una democracia multicolor, una democracia de los hombres y las mujeres libres. Que viva la libertad, que viva Colombia, potencia mundial de la vida. Me llamo Gustavo Petro y soy su presidente», así el líder de la Colombia Humana, Gustavo Petro, cerró su primer discurso como presidente electo. Junto a su fórmula, en la vicepresidencia Francia Márquez, sus hijas y su esposa, Petro cumplió un sueño. Ese que vio imposible durante tres oportunidades. La tercera es la vencida, la paz hoy no solo ocupa un lugar en el discurso, hoy la paz está puesta en el corazón del nuevo presidente y su vice, primera mujer afro y de manos callosas en ese cargo en la historia de Colombia. Hoy el pueblo se levanta con la esperanza de un nuevo comienzo. Uno en donde el pueblo sea el protagonista.

Día histórico

Es historia lo que se escribió el 19 de junio en Colombia, una historia nueva no solo para el país sino para América Latina y el mundo. Una historia nueva impulsada por el apoyo de 11 millones de votos que quieren un cambio de verdad. El nuevo Presidente prometió, para lograr este cambio, arriesgar su vida. Colombia le grita a la historia que es otra, que el cambio es real y que los conduce a algunos de los planteamientos que se concentraban en las plazas públicas, la política del amor. No es un cambio en busca de venganza ni construir más odios, no quiere profundizar el sectarismo en la sociedad colombiana, porque la sociedad aprendió de sus antepasados lo que significa el odio de clases.

El cambio consiste precisamente en dejar el odio atrás y ese sectarismo encarnado. Las votaciones mostraron dos Colombia, opuestas y cercanas en votos. Gustavo Petro quiere que Colombia, en medio de su diversidad, sea una sola. Y para que sea una en esa enorme diversidad multicolor, necesitamos del amor, entendida la política del amor como una política del entendimiento, del diálogo y de la comprensión. El cambio para Colombia significa que llegó el tiempo de la esperanza.

Ganó el medio ambiente y la vida

Este gobierno, que inicia el 7 de agosto, se autodenomina «de la vida». Es el gobierno que quiere construir a Colombia como una potencia mundial de la vida. «Si queremos sintetizar en tres frases en qué consiste un gobierno de la vida yo diría, primero, en la paz, segundo en la justicia social, tercero en la justicia ambiental», gritó enfático Gustavo Petro mientras le daba la mano a Antanas Mocus.

Petro, quien durante su trayectoria política se caracterizó por el diálogo y el debate respetuoso, invitó a la reconciliación y la unión del pueblo colombiano. «No tendría razón el cambio, el amor, la esperanza y este esfuerzo mayúsculo que hoy se sintetiza en las urnas, no tendría razón un gobierno de la vida si no llevamos a la sociedad colombiana a la paz, objetivo central. Qué significa poder hacer la paz, significa que los más de 10 millones de electores de Rodolfo Hernández son bienvenidos en este gobierno», sostuvo Gustavo, sobre el diálogo con la oposición.

Asimismo, Francia Márquez, la primera mujer afro en llegar a la vicepresidencia, es la esperanza de una nueva Colombia, anti patriarcal, multiétnica, diversa y libre. Una marea femenina y juvenil fue la fuerza que apoyó y llevó al triunfo a la Colombia Humana. Un triunfo que retumba en Latinoamérica y hace justicia por los estudiantes, campesinos y desaparecidos víctimas por las luchas que hoy rompen con más de 200 años de un gobierno sin el pueblo.

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