Sin dudas, la Segunda Guerra Mundial fue un acontecimiento histórico sin precedentes y que difícilmente se vuelva a repetir… a menos que la destreza del ser humano utilice toda su maldad para la autodestrucción. El mundo llora los sucesos del pasado, los recuerda con dolor y los mantiene vigentes en la memoria para no volver a repetirlos.

Los medios de comunicación, sin dudarlo, actualmente juegan un rol mucho mas latente que 80 años atrás, cuando estas guerras se escuchaban por radio o simplemente por los diarios en sus ediciones de papel. Hoy sería difícil no ver una guerra, hasta sería complejo no saber de un misil caer sobre algún blanco apuntado desde cualquier punto del planeta. El mundo llora los recuerdos de la cruda guerra, llora sucesos que se suscitaron en los últimos 20 años, sin embargo, el planeta a veces tiene una mirada hipócrita por la durísima guerra que los gobiernos dejan pasar en un país del Medio Oriente: Siria, a mas de 10 años de su inicio, lejos está de cerrar sus heridas.

Mas de 700.000 muertos es lo que deja hasta el presente este conflicto, este genocidio del Siglo XXI en el territorio sirio, una matanza sin igual desde hacia mucho tiempo y que la humanidad no «veía».

Podemos recordar, en estas últimas décadas, la guerra de los Balcanes, matanzas en África, persecuciones y matanzas en China, pero lo que vivió Siria fue prácticamente una destrucción insólita, donde diversos actores tuvieron su presencia y el mundo no condenó a sus mandatarios. Esta guerra que dejó más de 50.000 niños muertos, según el Observatorio de Derechos Humanos sirio, arroja un saldo de 7 millones de migrantes internos dentro del territorio sirio y más de 4 millones de migrantes que partieron a Europa y otros países de otros continentes.

El país vecino, Líbano, alberga alrededor de 2 millones de refugiados en sus campos del norte y otras áreas del «país de los cedros», la mayoría de ellos en condiciones de pobreza extrema sin acceso a agua potable ni recursos médicos básicos, así como tampoco a la educación primaria, en la mayoría de los casos. Con ayuda de algunas entidades internacionales se pudo sacar del territorio a miles de refugiados de una situación lamentable, pero que sigue siendo critica. Human Rights, ACNUR, OIM, entre otras organizaciones, trabajan por una calidad de vida considerable dentro de estos campos de refugiados.

Pero así como en Líbano se vive esta situación, otra gran parte de los migrantes sirios huyeron y cruzaron hacia el «Viejo Continente» tratando de llegar a cualquier país de la Unión Europea que pueda albergarlos y, lo que parece una odisea, se convirtió en un calvario para miles de refugiados sirios, desde la prohibición de cruzar fronteras, discriminación, situaciones de violencia por parte de los países por donde cruzaban hasta la esclavización, en muchos de esos casos. La crisis migratoria que se está produciendo en Europa es crítica y peligrosa debido a las leyes que diversos países están implementando para evitar recibir refugiados o migrantes.

Siria es una nación de más de 4 mil años de historia con ciudades milenarias y una cultura riquísima desde los principios de la humanidad, es un país que supo ser un ejemplo también para otras naciones hermanas. Un país que transportó muchísima cultura a la Argentina con una colectividad grande y consolidada, con universidades y educación de calidad. Todo eso quedó devastado, ciudades enteras destruidas que llevarán por lo menos 10 años en volver a reconstruir y normalizar su población.

La guerra trajo tristeza, desolación y mostró la mirada hipócrita del mundo al no condenar con fuerzas y no ayudar a su población, quienes son los que sufrirán por el resto de sus vidas la destrucción total de su normalidad. Niños y mujeres, ancianos y jóvenes, de todos los rangos de edad, fallecieron en una guerra que sirvió únicamente para probar tecnología, armas y geopolítica de inteligencia como si fuese un videojuego. A pocos le importó que este conflicto termine definitivamente y que el Estado Islámico (ISIS), grupo creado para invadir Siria e Irak, haya sido desmantelado en su totalidad sin recibir dinero de países de occidente tanto como de oriente.

No duele el no hacer nada sino que lo hace la indiferencia, decía el dicho, y en esta guerra que aún continúa, se vislumbra un nuevo año con pocas esperanzas para una población que fue sujeto de pruebas como un laboratorio a cielo abierto y que muchos actores, a nivel de potencias armamentísticas, aún continúan en territorio sirio, ya sea de un lado como de otro. El mundo mira y los que siguen sufriendo son los civiles, rehenes de un juego de ajedrez de las naciones dominantes.

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