Después de ocho meses de batalla contra el COVID-19, el personal de enfermería de todo el país sigue en pie. Son, sin duda, los guerreros y guerreras que sin saberlo estaban en el frente del combate. Una guerra sin balas, sin invasión ni movilización. Pocos expertos y todos con miedo. El personal de salud sin armas suficientes desde siempre al cuidado. Con denuncias visibles, meses antes de que llegara la pandemia, salían a marchar, convocaban, tenían voz en el reclamo.

Hoy visiblemente con cansancio pero con fuerzas para seguir, las y los enfermeros celebran su día con trabajo en turnos extensos, cuidado extremo, compañerismo y una vocación admirable. El Ministerio de Salud los saluda con esta efeméride: «La conmemoración se remonta a 1935, cuando se fundó la Federación de Asociaciones de Profesionales Católicas de Enfermería, cuya patrona es la Virgen de los Remedios, festividad que se celebra también en esta fecha», seguida de la misma un corto texto que aclara por qué se celebra: «El Ministerio de Salud de la Nación instituyó por decreto este día como el de la Enfermería, en coincidencia con la festividad de Nuestra Señora de Los Remedios, considerada patrona de la actividad».

Son tiempos de lucha desde la labor. De ciencia y estudio de una vacuna. De extensas jornadas de análisis ante un enemigo desconocido pero latente. El mensaje del Ministerio de Salud es de fe, más que de ánimo, reflexión o agradecimiento. El personal de enfermería sigue en un reclamo: ser reconocidos como profesionales de la salud, una categoría de la que la gestión macrista los excluyó. Ahora son «administrativos».

Por estos motivos, este viernes 20 de noviembre se reunieron y marcharon desde los hospitales de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires y llegaron al Congreso para movilizarse hasta Plaza de Mayo. Las voces opacadas por el barbijo gritaban por la profesionalización de la actividad y “por un salario digno”: el sueldo de la categoría de enfermería apenas llega a 35.000 pesos.

Los paros y movilizaciones se extendieron a Neuquén y Córdoba. Este es un reclamo federal. En el 2018, cuando al sancionar la Ley 6.035 la Legislatura Porteña dejó a los enfermeros y enfermeras excluidos de la categoría de profesionales de la salud, empezó la lucha de los trabajadores de los hospitales que dependen del Gobierno de la Ciudad. «La enfermería es profesional», gritan los enfermeros en medio de la ciudad. Quizás están equivocados y hay que pedirle a Nuestra Señora de Los Remedios.