En su primera tarea, Hércules debía matar a unos caballos que hacían estragos en la comarca de Diomedes. Este criaba los caballos y las yeguas que eran enviados a la guerra de su padre y, ¿quién era su padre? Nada más ni nada menos que Marte, el dios guerrero por excelencia. Este necesitaba equinos encolerizados y, claro, no podía perder ninguna batalla y por supuesto que jamás una guerra.  Estos caballos eran tan salvajes e indómitos que todas las personas que se cruzaban frente a ellos eran devorados por estas fieras bestiales, pero Diomedes había perdido el control y comenzaba a tenerles miedo.
Caballos indomablesLlegó el primer trabajo para Hércules y su Maestro le dijo: “Captura estas yeguas y detén estos actos malvados, ve y libera esta tierra lejana y a los que viven en ella”.
Hércules no fue solo, llevó a su mejor amigo, Abderis. Amaba profundamente a su amigo y Abderis siempre iba donde Hércules lo llevaba.
Una vez trazados todos los planes del trabajo a realizar, Abderis y Hércules combatieron contra estas fieras. Finalmente, ambos realizaron un trabajo en equipo y arrinconaron a las yeguas salvajes dentro de un campo donde no podían escapar y luego Hércules las maniató. Y así dio el grito de alegría por el triunfo logrado. Pero aquí no termina la historia, porque nunca terminan donde nosotros creemos.
Para Hércules fue tan grande este triunfo, que consideró por debajo de su dignidad llevar los caballos frente al Maestro. Entonces, le pidió a Abderis que los tomara y condujese él. Así, de esta forma, Hércules se adelantó en el camino y con todo aquel que se paraba a hablar le contaba cómo había sido su combate y describía cómo había logrado reducir a un estado de sumisión a semejantes bestias, y así todos lo saludaban y le rendían pleitesía.
Las yeguas de DiomedePero Abderis era débil en comparación con Hércules y temía a la tarea, no sabía cómo poner los arneses y las bestias captaron el olor al miedo emanado y destrozaron a Abderis: lo desgarraron y lo mataron, se liberaron nuevamente y escaparon a la tierra de Diomedes.
Cuando Hércules supo de esto, ya que estaba a punto de decirle a su Maestro que la tarea había sido un éxito, tuvo que volver sus pasos hacia atrás y capturar a las yeguas devoradoras de hombres, y así, en esta segunda vuelta colocó él mismo los arneses y llevó con mano dura a los caballos y ya dominados se los dio a su Maestro para que los dejara en su lugar de reposo para ser domados.
Con este resultado, todos los habitantes de la comarca de Diomedes aplaudieron al héroe por lo realizado, mas Hércules estaba desconsolado porque había perdido a su amigo. Por lo sucedido, recibió de su Maestro las siguientes palabras: El primer trabajo está terminado, la tarea la has hecho, pero mal hecha. Aprende la verdadera lección de tu servicio para tu prójimo”.
Significado del mito
¿Recordás que en notas anteriores dije que Hércules significa “La divina gloria del alma”? Para el alma no hay imposibles, cuando el Maestro de la vida, es decir los golpes del destino, nos llevan a realizar una tarea, si la hacemos con el alma nunca hay imposibles, el alma sabe cómo hacerlo y dónde hacerlo. El problema surge cuando dejamos a nuestra personalidad (representada acá en Abderis) que tome las riendas: la personalidad es autómata de la identidad, la personalidad por sí sola no tiene fuerza, cuando se la deja a la deriva no posee poder y las pruebas del destino pueden llegar a matar al débil.
El problema de la historia surgió cuando Hércules consideró que no “estaba a la altura” de presentar los caballos a su Maestro. ¡Grave error! Cuando el Maestro te pone a prueba, te mira desde el comienzo hasta el final, estás siendo observado todo el tiempo, nosotros podemos creer que la prueba termina cuando finaliza la tarea pero, como hizo el Maestro, hay que ver en forma integral para saber cuál es el talón de Aquiles.
Heracles primer trabajoHércules no se dio cuenta de la magnitud de su trabajo, creía que poseer el reino de los cielos era solo destreza física. La vanidad también se mide, el orgullo además se observa, el temor al fracaso se pone a prueba. Para el héroe pelear y combatir fue la tarea de menor resistencia pero, ¿qué pasa con la impulsividad incontrolada representada en las yeguas devoradoras de hombres? ¿Qué pasa en eso de creerse superior, esa debilidad llamada “vanidad”? Pasa que cuando no es controlada perdemos lo que más amamos, y él amaba  a su amigo.
Las yeguas están representadas por las madres que dan nacimiento a pensamientos sobre ideas erróneas, preconcebidas, ideas viciosas desatadas en el mundo donde lo único que hacen es fomentar la separación en el hombre. Son los preconceptos o las “razones” que generan las guerras mundiales.
La primera lección que Hércules debía aprender es el poder que el alma tiene sobre las formas, que el trabajo en equipo solo se logra cuando el individualismo no cuenta, que el fracaso solo se presenta cuando el engreimiento lleva el estandarte en nuestra vida, y si está conminado a fracasar porque esa es la lección, la mejor cura para estas derrotas es la humildad.
El éxito o el fracaso es para los dioses un acontecimiento terrenal, porque en los planos inteligibles lo más importante es aprender e intentar.