Conversamos con Carlos Godoy, escritor argentino dedicado a la poesía, prosa y ensayo. Docente, estudió Letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Entre sus obras se encuentran «Prendas» (2005), «Escolástica Peronista Ilustrada», «El indio salario» (2018), «Can Solar» (2012), «La Construcción» (2014) y «Jellyfich» (2019).

Reflexionando sobre los efectos de la pandemia, Carlos sostiene que “en algunas zonas se reforzaron los lazos comunitarios, pero no se hizo como la sociedad y la realidad lo demandaba. Sí en los sectores que estaban acostumbrados a la práctica comunitaria, que eran pre pandémicos y ,en ese contexto, se fortalecieron y crecieron. La sociedad necesita muchas más prácticas comunitarias, pero quizás es ser simplemente más empáticos y solidarios. Todo lo de la pandemia me vincula mucho con la crisis del 2001, que fue mi bautismo de fuego en las prácticas comunitarias”, y agrega que en la crisis de 2001 «vi lo que fue el club del trueque, ese ejercicio comunitario no lo volví a ver más, formaba parte de una cosa medio fantasiosa y utópica, pero que a la vez funcionaba. Estamos en un proceso pos pandémico, que es la primera etapa y es la organización, se trabaja desde casa, cuáles son los nuevos híbridos y qué trajo la pandemia».

En relación a cómo ve el peronismo en el futuro y la actualidad, Godoy se explaya: “Estamos viendo mayor flexibilización laboral, no solo por la ley que presentó Martín Lousteau en la Ciudad de Buenos Aires sino por la línea que está bajando el albertismo. Hay que darle ciertas cosas al empresariado para que invierta y trabaje. Cuando comenzó la pandemia me preguntaba si el capitalismo se escabulle, si sigue generando desigualdad o se genera un quiebre, vimos que no ocurrió”, afirma Carlos, quien comenta en relación al peronismo que «cada tanto el antiperonismo reflota la muerte del peronismo. Para que exista tiene que haber un sistema partidario y ciertas estructuras que cada vez hay menos en el ejercicio de la política. Desde 2015, pareciera que hacer política es ganar elecciones, se trabaja para ganar elecciones, es lo que nos está pasando. Por un lado pasa eso, no hay plan económico, no hay plan político y no hay plan de crecimiento. Las últimas dos presidenciales que tuvimos tampoco han sido con voto positivo, había que sacar a Cristina, había que sacar a Macri, entonces ahí no tenés una masa electoral políticamente fuerte y el peronismo no sabe cómo hacer pie y necesita una renovación”.

Al momento de explicar si la pandemia provocó un cambio en las políticas ambientales, el escritor cordobés señala que «se está permitiendo discutir algunas cuestiones que antes no se podían, hay un nivel de aceptación fuerte. Incluso ahora se está discutiendo la ley de envases, con un lobby empresarial muy fuerte para tratar de bajarla. En política siempre perdés con el lobby, pero si tenés un apoyo social muy amplio, es la única herramienta que tenés y creo que ese grado de aceptación social, sin la pandemia, no hubiera ocurrido”.

Finalmente, al comentar sobre su última obra, del año 2019, “Jellyfich”, la historia de una chica de clase media que aborta, su autor relata: “El libro narra el uso de misoprostol en un contexto ilegal, que eso fue siempre lo terrible del aborto, la ilegalidad. Al ser legal, tenés una compañía más afianzada y un protocolo. Escribí ese libro porque había pasado el año 2018 muy intenso y me llamaba la atención que no hubiera un libro narrando esto, un aborto en primera persona. También es una especie de manual, porque te va explicando qué hacer en cada paso. Escribirlo fue muchísimo trabajo, tuve que investigar y, sobre todo, encontrar una voz. La voz no solo es el tono sino todo lo que representa ese tono, hubo como una consigna escénica, que me dice ‘ahora sos esto’. Me permitió escribir rápido y, a su vez, me empezó a generar cosas en la cabeza porque ya empezaba a pensar como esa chica y hablar como ella, y ahí fue cuando decidí terminar el libro”.

Para concluir la conversación, y en relación a su deseo por la profesión, Carlos agrega que «siempre me gustó escribir, pero hubo un momento a partir de los 15 o 16 años en que empecé a escribir con cierta constancia, en unos cuadernos Gloria 24 hojas, con la idea de generar materia prima que en algún momento me iba a servir para algo que estuviera bien. Una vez, cuando tenía 5 años, me regalaron para Reyes Magos una selección de cuentos de los hermanos Green, y en lo que escribo siempre vuelvo ahí». «El consejo que le diría a toda persona que esté escribiendo o produciendo una obra, es que trate de ser un reflejo de sí mismo, porque es lo que va a permitir llegar a un lugar propio”.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Otondo.

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