«Las vírgenes suicidas» tuvo su estreno en el Festival de Cannes de 1999. En los últimos años, reapareció en la industria del cine, ya que Sofía Coppola aprovechó el 25 aniversario para lanzar un libro de fotografías del rodaje, participar en entrevistas y especiales sobre su ópera prima.
La melancolía atraviesa la película desde el recuerdo de los vecinos de las hermanas Lisbon, un grupo de adolescentes que se suicidan a finales de los 70 en los suburbios de Michigan. La reconstrucción de una época que ya no existe, la fotografía, la música y la imposibilidad de entender el motivo de sus muertes construye una historia en la que el pasado se queda flotando en el presente.
Sólo quería salirse de esa casa
«Ahora, al vernos en almuerzos de negocios o en algún cóctel, encontramos un rincón para poder repasar los detalles de nuevo. Todo para entender a esas cinco muchachas a quienes, después de tantos años, no podemos olvidar», cuenta el narrador al comienzo del largometraje.
La historia comienza con el recuerdo del primer intento de suicidio de Cecilia, la menor de las hermanas. Por recomendación del doctor, los padres acceden a que tenga vida social fuera del ambiente escolar. Con esta apertura, los chicos tienen un acercamiento a ellas y comienzan a recolectar pistas para entenderlas.
Por medio del narrador y los recuerdos del grupo de amigos, sentimos la desesperación de las hermanas Lisbon que tenían entre 13 y 17 años, y sus ganas de vivir sin tantas reglas. Sus padres tenían ideas muy estrictas sobre cómo deberían comportarse y relacionarse con el mundo exterior.
Los espectadores conocen a Cecilia, Lux, Bonnie, Mary y Therese gracias a las memorias que guardan los chicos que querían entrar en su mundo como sea. Cuando el aislamiento vuelve a la vida de las chicas, vemos que intentan mantenerse cerca incluso usando su imaginación.
La tristeza por lo que no fue los acompaña hasta el día de hoy. Los recuerdos son lo único que tienen para armar un rompecabezas sobre ellas y sobre lo que no pudieron conocer. El narrador nos conduce a esas piezas que tienen para reconstruir el pasado e intentar mantener presentes a las hermanas Lisbon.
Komorebi (木漏れ日)
Sofía Coppola se propuso recrear el Detroit de los años 70 y para eso usó locaciones en Toronto, Canadá. También se valió de fragmentos filmados en súper 8, movimientos de cámara de la época, títulos escritos a mano y planos en doble exposición para darle a la película un clima nostálgico.
«Quería que la película se rodara de la misma manera que una persona tomaría fotos e instantáneas de su vida. Tiene una especie de ingenuidad espontánea, esa sensación visual de estar dentro del mundo de un niño», comentó Sofía Coppola en una entrevista con Cinema Review.
La iluminación también tenía la misión de llevar al espectador hacia la melancolía. Los recuerdos compartidos aparecen iluminados entre las hojas de los árboles, para lo que los japoneses tienen una palabra específica: komorebi. En las escenas de dolor o más cercanas a la muerte, las imágenes se tiñen de azul oscuro ó un verde fuerte.
El film se benefició de que su producción fuera independiente, lo que le dio mayor libertad para escoger cómo quería representar el libro de Jeffrey Eugenides. Al mismo tiempo, el bajo presupuesto le obligó a construir este universo recurriendo a recursos cinematográficos tradicionales.
Playground Love
El arte es una de las herramientas que tenemos los humanos para poder expresar emociones, y la melancolía ha sabido colarse en todas sus formas. En «Las vírgenes suicidas» se puede palpar en la música. Y así lo comentó Coppola varias veces sobre el proceso del guión: «Cuando estaba escribiendo, escuchaba Air, el primer álbum. Porque la película tiene lugar en el pasado, quería que la música no sea de esa época, que fuera más contemporánea, pero sin dejar de referirse a ella. Creo que la música ayuda y trato de escuchar música cuando escribo que se relacione con el sentimiento que estoy intentando retratar».
El grupo francés Air fue el encargado de crear una banda sonora original, para la que usaron instrumentos de los 70: sintetizadores, vocoders y pianos eléctricos Rhodes con los que recrearon los sonidos de la época. Y sobre todo les dieron a las imágenes el poder de sumergirnos en la tristeza de lo que se está contando.
El universo melancólico musical se complementa con la selección de canciones de la década representada, entre las que se incluyen «Magic Man» de Heart, «Hello, It’s me» de Todd Rundgren y «The Air That I Breathe» de The Hollies, por nombrar algunas.
La música elegida y creada refuerza la emocionalidad de los recuerdos de los encargados de contarnos la historia de las hermanas Lisbon, sus inquietudes y la nostalgia de lo que podría haber sido. La añoranza de un momento de juventud teñido de la impotencia de no haberlas podido salvar.
La ópera prima de Sofía Coppola marcaría su lenguaje cinematográfico y su predilección por acercarse constantemente a la tristeza, la soledad y al sentimiento de estar perdido en un mundo que no comprende a sus personajes ni a sus formas de experimentar la vida. Pero sin dudas, esta es una de sus obras destacadas en cuanto a la melancolía en el cine.