En el cruce entre el deporte y la memoria, el nombre de Miguel Sánchez no es solo un recuerdo: es un latido. Es la historia de un joven que corría con el cuerpo, pero también con ideales. Y que hoy sigue corriendo en cada uno de nosotros.
Un corredor que no se detuvo
Miguel no era solamente un atleta. Era un soñador. Un militante. Un poeta. En cada entrenamiento había disciplina, pero también había convicción. Creía en un país más justo, en una sociedad más humana. Y esa forma de ver el mundo fue la que lo puso en la mira.
El 8 de enero de 1978, en plena dictadura cívico militar argentina, fue secuestrado y desaparecido. Tenía 25 años. Le arrancaron su presente, pero no pudieron apagar su historia.
Las que nunca dejaron de correr
Si hoy Miguel sigue vivo en la memoria colectiva, es también gracias a la lucha incansable de las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo.
Ellas no solo caminaron en ronda: desafiaron al miedo cuando el silencio era la norma. Buscaron a sus hijos y a sus nietos cuando todo un sistema intentaba borrar sus rastros. Sostuvieron la memoria cuando hacerlo podía costar la vida.
Transformaron la ausencia en presencia. El dolor en fuerza. La incertidumbre en una lucha colectiva que atraviesa generaciones.
Son, en sí mismas, una lección de resistencia mental y emocional. Porque nunca dejaron de creer, nunca dejaron de preguntar, nunca dejaron de avanzar. Como en una carrera infinita, donde el objetivo no es una meta física, sino la verdad y la justicia.
La memoria también se defiende
Hoy, en tiempos donde muchas veces se intenta relativizar la historia, donde aparecen discursos que buscan minimizar el horror o silenciar las voces, la figura de Miguel vuelve a interpelarnos.
Porque la memoria no es cómoda. La memoria incomoda. Y por eso, hay quienes intentan acallarla. Pero ahí es donde aparece la verdadera lucha.
Así como entrenamos el cuerpo para resistir el cansancio, también debemos entrenar la conciencia para resistir el olvido. No alcanza con recordar una vez al año. La memoria es una práctica diaria. Es una decisión.
Correr con sentido
«La Carrera de Miguel» no es solo una competencia, es una forma de decir presente. Es un acto político en el sentido más profundo: el de construir memoria colectiva.
Cada corredor que se ata los cordones, cada largada, cada llegada, es un gesto de resistencia. Es un mensaje claro: no nos olvidamos. No soltamos. No dejamos de correr.
Porque mientras haya alguien dispuesto a seguir su historia, Miguel no desaparece.
Poema de Miguel Sánchez
Antes de cerrar, sus propias palabras. Porque Miguel también hablaba desde la poesía, y ahí dejó una huella que hoy sigue emocionando:
«Para vos atleta»
“Para vos, atleta,
para vos, que sabés del frío, de calor,
de triunfos y derrotas.
Para vos, que tenés el cuerpo sano
el alma ancha y el corazón grande.
Para vos, que tenés muchos amigos,
muchos anhelos,
la alegría adulta y la sonrisa de los niños.
Para vos, que no sabés de hielos ni de soles,
de lluvia ni rencores.
Para vos, atleta,
que recorriste pueblos y ciudades
uniendo estados con tu andar.
Para vos, atleta,
que desprecias la guerra y ansías la paz.»
Correr, recordar, resistir
Miguel Sánchez hoy es símbolo. Pero también es pregunta.
¿Qué hacemos nosotros con su historia?
¿Desde dónde corremos?
¿Para qué?
En un mundo que muchas veces empuja al individualismo, su vida nos recuerda que también se puede correr por otros. Que el deporte puede ser memoria, puede ser lucha, puede ser comunidad.
Y que, como las Madres y Abuelas, hay caminos que no se abandonan nunca.
Porque hay carreras que no se ganan con un tiempo.
Se ganan sosteniendo la memoria.
Artículo elaborado por Maru Vaccaro.
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