50 años pasaron del comienzo de la dictadura cívico militar, y casi 43 del regreso de la democracia. Aquí van tres películas que abarcan diferentes aristas sobre el tema.
«En retirada» (Juan Carlos Desanzo, 1984)
Como segunda entrega de lo que sería una trilogía de los thrillers de Juan Carlos Desanzo, «En retirada» es la película más urgente puesta en el contexto inmediato del regreso de la democracia, porque se estrenó el 28 de junio de 1984, es decir, mucho antes que otras películas luego convertidas en canónicas sobre la dictadura cívico militar.
«El Oso» (el inigualable Rodolfo Ranni) es un paria que deambula por la ciudad mientras se cruza con manifestaciones y canticos peronistas, parejas que pueden besarse en público y demás aberraciones para sus ojos. Todo cambia cuando Julio (Julio De Grazia) lo reconoce en la calle, porque fue el torturador de su hijo, detenido ilegalmente en un centro de detención. «El Oso» fue parte de los denominados «grupos de tareas», quienes para esos primeros tiempos después de diciembre de 1983 se encontraban como mano de obra desocupada, esos personajes estaban ahí mezclados entre todos.
La película de Desanzo no intenta profundizar sobre el concepto de «grupo de tareas», pero sí utiliza ese fresco de época en términos narrativos para subirse a la oleada de ese momento con el renacer del policial en la década del 80, que luego se lo denominó «neo noir». Gerardo Sofovich, en la piel de Arturo (un exjefe de «El Oso») hace uno de los villanos más temibles del cine argentino, sin ni siquiera levantar la voz.
«Juan como si nada hubiera sucedido» (Carlos Echeverría, 1988)
Uno de los documentales más importantes de la historia del cine argentino presenta el caso de la desaparición en 1977 de Juan Marcos Herman, un estudiante de la ciudad de Bariloche.
El impacto del caso tuvo un eco en Carlos Echeverría, quien se exilió en Múnich y regresó en 1982 para filmar «Cuarentena», sobre la vuelta de Osvaldo Bayer al país. Ese documental fue el germen de «Juan como…», porque en este proyecto colaboró Horacio Herman, el hermano de Juan.
La idea se desarrolló entre 1984 y 1987 con un trabajo de investigación que comenzó en el centro de detención clandestino El Club Atlético, allí un detenido sobreviviente compartió 20 días con Juan. Ese punto de partida traza una línea que lleva a Echeverría al encuentro con otros testimonios, desde víctimas hasta funcionarios de Bariloche y militares involucrados en la desaparición.
Al comienzo de la filmación del documental, el Poder Judicial y el poder político mantenían un pacto de silencio sobre las causas de detenidos-desaparecidos, solo Echeverria y Esteban Buch, un periodista barilochense que aparece como entrevistador y confrontador de los represores cara a cara, lo que la convierte en el primer documental en ubicarse en ese lugar tan incómodo y peligroso a la vez. Cuenta Echeverría que mientras realizaba el montaje se sucedieron los hechos del levantamiento carapintada de Semana Santa, la muestra más cabal de la fragilidad democrática en Argentina. «Juan como…» tuvo un recorrido casi clandestino, circuló en el ámbito universitario, pero muchos cines y canales de televisión no querían pasarlo por miedo a represalias. En 1988, el Canal 10 de Tucumán decidió emitir el documental y, poco tiempo después, la casa del presentador Rogelio Parolo fue dinamitada.
La investigación del caso de la desaparición de Juan Herman se reabrió en 2013, pero recién en 2020 los acusados recibieron una condena -por cierto- muy leve en comparación a lo solicitado por la fiscalía. El material de la película de Echeverría fue utilizado como prueba en el juicio sobre el centro El Club Atlético. Gracias a «Filmoteca» (el programa de Fernando Martín Peña) y a una circulación más amplificada, la película tomó un carácter de culto y obtuvo el puesto 7 en la Encuesta de Cine Argentino realizada en 2022.
«Crónica de una fuga» (Adrián Caetano, 2006)
Hacia mediados de la primera década del Siglo XXI, el cine argentino encontró una forma más heterogénea, los integrantes del llamado Nuevo Cine Argentino ya se habían desmarcado de esa etiqueta y habían emprendido un camino propio.
En el caso de Adrián Caetano, el balance entre los intereses sociales y el cine de género se percibían ya en «Pizza, birra, faso», codirigida con Juan Bautista Stagnaro. El libro «Pase libre: La fuga de la mansión Seré» es un relato en primera persona de Claudio Tamburrini, detenido el 23 de noviembre de 1977, cuando era un joven arquero del Club Almagro y estudiante de Filosofía. Acusado de subversión, es llevado al Centro de detención llamado «Mansión Seré», donde sufrió torturas y otros vejámenes. Junto a otros tres jóvenes, después de unos meses de una pesadilla, la única ilusión de supervivencia fue idear un plan de escape, a pesar de las condiciones y las nulas chances de lograrlo.
Caetano, con la distancia que ofrece el tiempo, se permite hacer sobre el material fuente una historia que podría tratarse ya solo de un relato de terror sin el contexto de una dictadura militar. El uso de los planos escorzados, de las sombras y principalmente del espacio (la casa), permiten configurar la película dentro de un relato de género. Sumado a eso, el thriller se pone de relieve en la segunda parte de la película y lleva la tensión del encierro al afuera. Una joya del cine argentino industrial que fue seleccionada en la Competencia Oficial del Festival de Cannes en 2006.