El Festival Internacional de Cine LGBTIQA+ “Amor es Amor” contó con una variedad de actividades gratuitas que no se destinaron solamente al ámbito audiovisual sino que abrieron el juego a otros espacios como, por ejemplo, el universo drag.

Aún transitando los últimos días de aislamiento por COVID-19 positivo, Camionera Travesti entra a la charla con una sonrisa y presentándose como “monstruo de los camiones y las rutas”, dispuesta a compartir con las personas presentes el universo drag desde la historia, filosofía, su forma personal de vivirlo y hasta algunos tips para el momento de draguearse.

El drag es rebeldía

Una forma reduccionista de definir el drag es “hombres que se visten de mujeres teatralmente”, pero el drag es mucho más que eso y presenta muchas más posibilidades: “Es gente jugando a exagerar el género de manera cambiante y es de género fluido”, cuenta Camionera Travesti. El drag se trata de tomar los elementos de expresión de género culturalmente asociados con varón o mujer, exagerarlos, mixearlos, cambiarlos y transformarlos así en la expresión que cada une quiera.

La expresión de género es un concepto que hace referencia a cómo cada persona manifiesta el género, esto puede incluir la forma de hablar, el modo de vestirse, el comportamiento, entre otros aspectos. Hay expresiones de género culturalmente asociadas a los varones o a las mujeres (como los colores celeste y rosa, el maquillaje, los vestidos, determinados deportes, etcétera), quienes hacen drag toman estos elementos estandarizados y juegan con ellos de una manera que interpela y descoloca.

Algunas personas utilizan el drag para encarnar un personaje en particular que consideran disociado de sí mismos o una especie de alter ego, otras lo ven como una parte más de sí mismas y, en este espacio, encontramos a Camionera, quien afirma: “No siento que estoy disfrazándome de mujer sino que es otra faceta mía que la sociedad dice que responde a lo femenino”.

“Todes nos estamos construyendo a nosotres mismos todo el tiempo” y, en esa búsqueda de construcción constante, muchas veces tomamos sin pensarlo los elementos que nos son dados como “naturales” por ser (o simplemente haber sido asignados así al nacer) varones o mujeres. El drag le otorga a quienes lo practican la posibilidad de jugar a ser lo que la sociedad dice que no pueden (o deben) ser por los estereotipos de género que la dominan.

Una parte de la charla que despertó mucho debate fue la idea de “sindicalizar a las dragas”. Camionera Travesti contó cómo la mayoría de las drag queens de la escena local ganan visibilidad a partir de competencias y apariciones en boliches. Estos ganan clientes gracias al show que presentan pero las participantes reciben muy poca (o ninguna) retribución monetaria. Esta práctica no es nueva y se sufre en todas las artes (músicos que deben pagar para tocar, el trabajo gratuito para “hacerse conocido”, etcétera), pero la situación particular de las drag queens como disidencias que fueron perseguidas y discriminadas las deja en un lugar de mucho más desamparo.

Sin dudas, el momento de la charla que demostró cabalmente la importancia de estos encuentros fue el intercambio que se dio con un participante del evento, quien compartió su experiencia personal como alguien interesado en experimentar con el drag pero que no encuentra en su ciudad espacios donde aprender, compartir y sentirse acompañado sino que debe sortear prejuicios y desconocimiento diariamente. Este tipo de experiencias vuelve esencial estos espacios que permiten visibilizar, informar, acompañar y desestigmatizar a quienes deciden jugar con las normas de género y hacen de ello un arte.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Nancy Jaimez.