Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2018 más de 140.000 personas murieron de sarampión en todo el mundo. Las últimas estimaciones de la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) aseguran que las muertes se debieron a la oleada de casos de sarampión que se produjo a nivel mundial, con brotes epidémicos devastadores en todas las regiones.

La OMS define el sarampión como una enfermedad vírica muy contagiosa que afecta sobre todo a los niños y se transmite por gotículas procedentes de la nariz, boca y faringe de las personas infectadas. Los síntomas iniciales, que suelen aparecer entre 8 y 12 días después de la infección, consisten en fiebre alta, rinorrea, inyección conjuntival y pequeñas manchas blancas en la cara interna de la mejilla. Varios días después, aparece un exantema que comienza en la cara y cuello y se extiende gradualmente al resto del cuerpo.

No hay tratamiento específico para el sarampión y la mayoría de los pacientes se recuperan en 2 o 3 semanas, aunque puede causar complicaciones graves tales como ceguera, encefalitis, diarrea intensa, infecciones del oído y neumonía, sobre todo en niños malnutridos y pacientes inmunodeprimidos. Vale mencionar que el sarampión es una enfermedad prevenible mediante vacunación.

Prevenir más que curar

El sarampión se puede prevenir mediante vacunación. Sin embargo, las tasas de vacunación en el mundo llevan estancadas casi un decenio. La OMS y el UNICEF calculan que, en 2018, un 86% de los niños en el mundo recibieron la primera dosis de la vacuna contra el sarampión en el marco de los programas de vacunación sistemática de sus países, y menos del 70% recibieron la segunda dosis recomendada.

En el plano mundial, la cobertura vacunal contra el sarampión no es suficiente para prevenir brotes epidémicos. A fin de proteger a las poblaciones de esta enfermedad, la OMS recomienda que en todos los países y comunidades se registre un 95% de cobertura vacunal con dos dosis de vacuna contra el sarampión.

Pobres, niñas y niños, los más afectados

En 2018, los países que se vieron más afectados, es decir, los que registraron la mayor tasa de incidencia de la enfermedad fueron Liberia, Madagascar, la República Democrática del Congo, Somalía y Ucrania. En esas cinco naciones se concentraron casi la mitad de todos los casos de sarampión del mundo.

La mayoría de las muertes se registraron en la población de niños menores de 5 años. Los lactantes y los niños muy pequeños tienen un mayor riesgo de contagiarse de sarampión y de presentar complicaciones, tales como neumonía o encefalitis (un tipo de edema cerebral), y discapacidad de por vida como daño cerebral permanente, ceguera o hipoacusia.

Como detalla el informe, aunque los países más pobres son los más afectados, algunos más ricos también luchan contra brotes epidémicos de sarampión. Este año, en los Estados Unidos comunicaron el mayor número de casos en 25 años y cuatro países de Europa (a saber, Albania, Chequia, Grecia y el Reino Unido) perdieron en 2018 la certificación de países libres de sarampión tras haber registrado prolongados brotes epidémicos de la enfermedad. Esto ocurre si vuelven a registrarse casos endémicos de sarampión en un país después de que se haya declarado su erradicación y si se documenta una transmisión constante en el país durante más de un año.

Compromiso e inversión

Se estima que, por sí sola, la vacunación contra el sarampión salvó más de 23 millones de vidas en los últimos 18 años.

«Es trágico que en el mundo se esté registrando un rápido aumento del número de casos y muertes de una enfermedad que se puede prevenir fácilmente con una vacuna», indicó el doctor Seth Berkley, director ejecutivo de la Gavi. «Aunque la indecisión y la desidia son problemas que hay que superar, la mayoría de los brotes epidémicos de sarampión han afectado países con programas de vacunación sistemática y sistemas sanitarios endebles. Debemos redoblar los esfuerzos para ayudar a los más vulnerables; este será un eje central para la Gavi durante el próximo quinquenio», concluyó el especialista.

La OMS, los CDC, la Alianza Gavi para las Vacunas (Gavi) y otros asociados, incluidos los organismos que participan en la Iniciativa de Lucha contra el Sarampión y la Rubéola, en la que también colaboran la Cruz Roja Americana, el UNICEF y la Fundación pro Naciones Unidas, están ayudando a los países a que respondan a los brotes epidémicos de sarampión, por ejemplo, mediante campañas de vacunación de emergencia.

La eliminación del sarampión se define como la ausencia de transmisión de virus del sarampión endémico en una región u otra zona geográfica definida durante más de 12 meses. En ese sentido, se considera que un país ya no está libre de sarampión si el virus regresa y se transmite constantemente durante más de un año.

El caso argentino

En nuestro país, el brote actual se detectó a comienzos de septiembre y ya lleva acumulados 61 casos registrados por el último Boletín Integrado de Vigilancia que publica Salud. De acuerdo a las últimas cifras, se trata del mayor brote desde la eliminación de la circulación endémica del sarampión alcanzada en el año 2000.

Del total de casos de sarampión registrados, 59 fueron detectados en Argentina, 2 en España, y de los casos locales 14 ocurrieron en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 38 en la provincia de Buenos Aires y 7 son casos importados o relacionados a la importación, según ampliaron desde la cartera de Salud del Gobierno.

La situación por la que atraviesa la Argentina sucede en un contexto de expansión de la enfermedad a nivel global. En la Región de las Américas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 14 de los 35 Estados que forman parte confirmaron casos durante 2019 y dos países restablecieron la circulación endémica: Brasil y Venezuela.