Un conjunto de estudios interdisciplinarios genera la llave para entender cómo un insecto autóctono se transforma en dañino para los cultivos, afirman investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Litoral.

La siembra de arroz surgió en China hace más de 8.000 años y en la actualidad es uno de los cultivos con mayor dispersión a nivel mundial. Al llegar a la Argentina en el Siglo XVII, se estableció inicialmente en la provincia de Misiones.

En ese momento, varios insectos herbívoros nativos de la región se adaptaron muy bien al cultivo y, con el paso del tiempo, lo eligieron en mayor medida que a las plantas de su entorno natural nativo. Así, estos insectos se convirtieron progresivamente en importantes plagas del cultivo de arroz en Argentina y en Sudamérica.

Plagas, consecuencia de malos manejos

Desde hace varios años, se desarrollan investigaciones sobre plagas en arroceras con miras a proponer estrategias de manejo integrado. Una de las investigaciones en desarrollo en el Nordeste de Argentina busca herramientas y opciones en apoyo a los productores arroceros.

Este es el eje de trabajo de la bióloga Daniela Fuentes Rodríguez, del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL-CONICET-UNNE), quien realiza el Doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Córdoba, bajo la dirección de la doctora Celeste Franceschini (CECOAL-CONICET-UNNE) y el doctor Alejandro Sosa, de la Fundación para el Estudio de Especies Invasivas (FuEDEI, Buenos Aires).

¿Qué es una plaga?

Este término se refiere a un organismo que está en un lugar donde, según el criterio humano, no se desea su presencia. El concepto de plaga es un producto de la cultura humana. En el medio agrícola, plaga es cualquier organismo que afecte el desarrollo y el crecimiento de un cultivo. Son plagas, por ejemplo, las malezas que compiten con el cultivo y los microorganismos y artrópodos (insectos y ácaros) que lo atacan.

Por este motivo, Fuentes Rodríguez plantea que en muchos países de América desde hace más de 30 años se estudia la forma de aplicar manejo integrado en agroecosistemas: «Investigadores reconocidos en el estudio de sistemas agrícolas establecieron que, para lograr proponer estrategias de manejo distintas a las que se vienen utilizando en los cultivos a gran escala, hay que tener en cuenta los principios ecológicos que rigen a los sistemas productivos, los cuales no están exentos de las leyes de la naturaleza».

De esta manera, el concepto de Manejo Integrado de Plagas (MIP) se refiere a las estrategias de intervención en una zona extensa, las cuales requieren planificación y conocimiento ecológico, compromiso a largo plazo y que los agricultores y otras partes interesadas lo utilicen en forma coordinada.

¿Qué es el Manejo Integrado de Plagas?

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es «la cuidadosa consideración de todas las técnicas disponibles para combatir las plagas y la posterior integración de medidas apropiadas que disminuyen el desarrollo de poblaciones de plagas y mantienen el empleo de plaguicidas y otras intervenciones a niveles económicamente justificados y que reducen al mínimo los riesgos para la salud humana y el ambiente».

En el MIP se integran métodos de lucha contra las plagas, compatibles -y de preferencia que no sean nocivos para el medio ambiente- y se adaptan a las condiciones agroecológicas y socioeconómicas de cada situación específica.

En los últimos 40 años va en aumento gradual la aplicación del MIP como método de lucha contra las plagas, y la FAO y la comunidad internacional lo adoptaron para lograr una agricultura más sostenible que haga menos daño al ambiente y la biodiversidad. El objetivo principal de reducir el uso excesivo de plaguicidas se demostró en numerosos sistemas.

En este sentido, Fuentes Rodríguez explica que «cuando los principios ecológicos son subestimados y reemplazados por acciones de aplicación intensiva de pesticidas, esto lleva a un desequilibrio de los agroecosistemas que se manifiesta en plagas y enfermedades resistentes a los tratamientos químicos convencionales. Esto se ha estudiado hace muchos años en numerosos países y diferentes cultivos, incluido el arroz».

Pesticidas: técnica difícil, ineficiente y costosa

La doctora explica, además, que dentro de las plagas más importantes y dañinas del cultivo de arroz destaca un insecto del orden de los hemípteros: la chinche del tallo de arroz Tibraca limbativentris, que es una de las plagas más difíciles de manejar con insecticidas. Estos se esconden cerca de la superficie del agua, en la porción baja de la planta, alimentándose de los tallos de arroz durante gran parte del día. Esta situación hace que «las aplicaciones de pesticidas muchas veces no alcancen a los insectos, convirtiendo al control químico en una estrategia muy costosa e ineficiente para la vigilancia efectiva de esta plaga en particular», prosigue Fuentes Rodríguez.

Entonces, el uso de pesticidas específicos para esta plaga se transforma en una técnica difícil e ineficiente, además de ser costosa para los pequeños productores.

Cambio de enfoque

En la actualidad, se busca otra perspectiva por parte de los investigadores y de los agricultores, tratando de integrar herramientas basadas en la investigación que permitan explicar el comportamiento de las plagas en el agroecosistema.

Este es el eje del trabajo de la especialista, quien agrega: «Trabajo particularmente con esta chinche que es una especie nativa de la región. Empecé registrando sus poblaciones invernales. Mis avances hasta el momento fueron determinar las plantas nativas en las que este insecto se refugia durante el invierno en cercanías de las arroceras irrigadas por el Río Paraná. Por primera vez, sabemos el efecto que tienen los enemigos naturales invernales en la reducción de esta chinche».

Delta del Paraná

En 2016 fue declarado Sitio Ramsar excepcional, abarcando más de 240,000 hectáreas. Localizado en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, comprende humedales continentales de los ríos asociados al Río Paraná, en sus tramos medio e inferior, e incluye los territorios de dos Parques Nacionales: Predelta e Islas de Santa Fe.

Los humedales de esta zona cumplen un importante papel de regulación hídrica y de materiales. También constituyen un formidable espacio de conexión en el que conviven especies de regiones tropicales, subtropicales y templadas que resultan en una gran diversidad de ambientes, flora y fauna.

El sitio es parte esencial del sustento de los pobladores: el río y otros menores son vías de navegación comercial y constituyen el principal suministro de agua para uso doméstico y productivo. El paisaje de los humedales y su cultura sostienen el turismo y actividades recreativas y deportivas. Además, la zona fue habitada por antiguas civilizaciones hace más de dos mil años, dejando una gran cantidad de sitios arqueológicos.

De esta manera, se busca un cambio de enfoque: «La información servirá para generar técnicas (lo más naturales posibles) que permitan reducir las poblaciones invernales de este insecto en las arroceras antes de iniciar con la temporada de arroz, reduciendo la aplicación de insecticida y las pérdidas económicas generadas», continúa Fuentes Rodríguez. Según ella, la idea no es erradicar a «la plaga», debido a que «plaga» es un término que usamos los humanos para designar a algún ser vivo que reduce la productividad de los cultivos. Se busca comprender los factores biológicos y ecológicos que hacen que un insecto se convierta en «plaga» y aplicar ese conocimiento a la reducción de las poblaciones adentro del cultivo. Asimismo, en este caso la «plaga» es un insecto autóctono.

Largo camino desde la ciencia pura al productor

A la ciencia, muchas veces le cuesta encontrar el camino que permite utilizar esa información para generar aplicaciones. Fuentes Rodríguez considera que la base de la transformación de la ciencia pura hacia algo aplicado tiene fuertes bases en un trabajo interdisciplinario.

En Corrientes, el Laboratorio de Herbivoría y Control Biológico (HeCoB) del CECOAL, al que pertenece la bióloga, trabaja en colaboración estrecha con la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz (ACPA) y con profesionales de otras instituciones como son el Instituto de Botánica del Nordeste (CONICET) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Corrientes (INTA). Asimismo, trabajan con profesionales de la FuEDEI, de la Universidad Nacional de La Plata y su museo, quienes también aportan significativamente a la mirada multidisciplinaria que quiere lograr el equipo HeCoB.

«En nuestro laboratorio somos, por el momento, dos personas desarrollando temas relacionadas con plagas de arroz a través de becas doctorales de Conicet. La licenciada Paula Gervazoni investiga sobre interacciones entre los insectos herbívoros asociados al agroecosistema, el cultivo de arroz y la vegetación nativa aledaña al cultivo», prosigue Daniela Fuentes Rodríguez. Esto permitirá conocer cómo influye la vegetación nativa durante la temporada de cultivo en la abundancia de plagas y sus enemigos naturales. «En este momento, nos encontramos procesando toda la información colectada durante las temporadas de arroz 2017-2018 y 2018-2019, que nos permitirá revisar el estado de las plagas en el agroecosistema durante el verano, de manera que podamos tener una vista panorámica verano-invierno de la relación de estos insectos con el sistema arrocero. También tenemos datos de experimentos realizados en laboratorio para detectar enemigos naturales de la chinche del tallo durante la temporada de arroz, con muy buenos resultados» afirma.

El laboratorio HeCoB, dirigido por la doctora Celeste Franceschini, cuenta con 16 años de experiencia en investigación en humedales naturales. Fuentes Rodríguez comenta que «debido a que las arroceras irrigadas son consideradas como humedales artificiales por la Convención Ramsar, toda la experiencia de la doctora Franceschini puede ser aplicada a los estudios en humedales artificiales, que es lo que actualmente estamos desarrollando la licenciada Gervazoni y yo en las investigaciones en las arroceras». Toda esta labor espera, en un futuro cercano, ser contemplada dentro del programa nacional de buenas prácticas agrícolas (BPA) que se transfiere hacia las provincias y los productores.

Las BPA buscan una manera especial de producir y procesar los productos agropecuarios, de modo que los procesos de siembra, cosecha y pos-cosecha de los cultivos cumplan con los requerimientos necesarios para una producción sana, segura y amigable con el ambiente.

Dicho de otro modo, promueven que los productos agropecuarios no hagan daño a la salud humana y animal ni al medio ambiente, protejan la salud y la seguridad de los trabajadores y tengan en cuenta el buen uso y manejo de los insumos agropecuarios.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Evangelina Minuzzi Fahn