Quiero dedicar este artículo a todos los padres o cuidadores. A los biológicos, los adoptivos, los del corazón, los que lo fueron sin querer y se pusieron el título al hombro, y también está referida a los hijos, porque gracias a ellos ustedes están aquí y viceversa.

En este punto yo pensaba para qué comunicar a través de un artículo de estas características. Me pasó de preguntarme algunas veces, cuando esperaba a un adolescente para atender en consulta, ¿cómo podré llegar al corazón de este chico? Y me llevaba la grata sorpresa de la posibilidad de armar un espacio de confianza y feedback muy franco, con una predisposición y apertura de parte del adolescente como lo soñarían tener sus padres con él o cualquier padre con su hijo adolescente.

Del mismo modo, me encontré escribiendo con la pregunta: ¿y qué intercambio tendré con este tema hoy y cuál es la necesidad de querer despertar la curiosidad de los progenitores? De abrir unas páginas a la reflexión, sobre los temas que abarcan ser padres y ser padres en estos tiempos tan difíciles desde el aspecto social. Se me ocurren dos respuestas a la pregunta.

Una es que el lector/a se imagine que escribiré recetas mágicas o consejos para que puedan saber cómo encarrilar el mundo infanto-juvenil que vuelven locos a sus padres o cuidadores, esos indomables, los difíciles, a los que nunca se les acaba la pila. Y estar seguros de pensar que de ellos vienen los problemas. Pues lamento defraudar, por aquí no es el camino.

La otra respuesta es que, si podemos enfocar el mensaje desde la reflexión, de cómo se sienten como personas, como están ustedes para asumir el rol de cuidadores y guías, le daremos el verdadero significado de por qué quiero compartir este tema aquí y ahora, hoy. O sea, este sería el camino.

Y este es un primer punto muy interesante, el ser guías. Sabemos que los primeros años de vida de cualquier persona dependen del cuidado, la confianza y la fortaleza, entre otras cosas, que se les brinde a los hijos e hijas para que se activen y modulen las estructuras innatas que les permitirán gestionar sus emociones, pensamientos y conductas.

La criatura, cuando nace, tiene su primer y único contacto, la teta o biberón. El olor, sonidos habituales como las voces, de quienes hablan o le canta, la música, y así se van incorporando a medida que crece y pasa el tiempo. Ese es su bienestar. Su lugar seguro.

Luego y a medida que avanza el tiempo, estos hijos comienzan a incorporar el exterior, entienden que hay un afuera que pueden ver, tocar, que hay más que su círculo pequeño, tranquilo y seguro. También depende del adulto mayor que esa exogamia se sienta segura pero, ya, con posibles peligros. Primeros pasos, excursión dentro de la casa, gatear, manipular objetos, convivencia con mascotas, etcétera.

Algunos padres no están la mayoría del día para compartir y experimentar junto a ellos estos cambios. Y les pregunto: ¿qué les pasa con esto? ¿Qué sienten? Antes de poner un rótulo entendamos que varios pueden ser los motivos pero, sean cuales fueran, aquí lo importante es balancear. Traigo esta herramienta de la balanza donde se van poniendo y sacando necesidades, valores, deseos y muchas veces dilemas. Porque sí hay situaciones dilemáticas que nos ponen a prueba a veces en la vida. Te dejo pensando…

Se viene la etapa escolar, entonces la “primera base hogar” tiene una segunda base de confianza: la escuela. Y se van abriendo las relaciones sociales a reuniones, festejos, clubes, clases de idioma, canto, computación, baile, natación y más.

Retomando lo dicho sobre el tiempo de convivencia donde planteaba la situación de no estar en casa la mayoría del día, todo cambia en estos tiempos de pandemia cuando alguno de los padres (o los dos) hacen home office y los niños no van al colegio ni a lugares preferidos fuera del horario escolar. Aquí puede darse un contacto estrecho y compartir hasta el cansancio o cada uno experimentarlo desde su lugar.

¿Qué opinás? Más allá que cada casa es un mundo, desde mi lugar como terapeuta digo que el diálogo, el interés por el otro, el entender que poner límites -sobre todo a los hijos- funda las bases de una persona segura, es fundamental. Todo esto lo aprenderán los padres cuidadores. No duden también que en este «se hace camino al andar», los padres aprenden de los hijos también.

Y llegamos a la adolescencia, otra de las etapas que marcan a fuego la vida de los hijos. Es una etapa de desafíos para padres e hijos y aquí es el momento de resaltar el título de este artículo: “padres en duda”.

Tengo una opinión sobre los adolescentes, si me permitís una posición luego de años trabajando, investigando, analizando y conociendo a los adolescentes, digo que los padres tienen los adolescentes que merecen tener. Ellos son el reflejo del trabajo elaborado hasta aquí por sus padres y es el momento de la vida donde se resaltan las consistencias o inconsistencias que esos padres aportaron en su acto de educar.

Aquí me voy a referir a las jerarquías que marcan los roles dentro de todas las familias. Las jerarquías son los lugares que ocupan los integrantes de cualquier sistema familiar donde encontramos a los padres como cabeza de familia, estas dos personas son las que decidieron formar fuera de su familia nuclear o natal, la familia feliz, la elegida. Ellos forman el vínculo marital. Luego, si hay descendencia, los hijos tendrán un orden cronológico de llegada sean estos vivos, fallecidos o abortados, y lo que quiero decir con esto es que cada uno tiene su lugar de llegada. Y luego está la familia extensa de tíos, primos, abuelos, bisabuelos…

Comunicación entre padres e hijos

Es real y comprobable que las últimas generaciones de niños, adolescentes y jóvenes tienen un valioso plus con las comunicaciones virtuales. Es eficaz, rápida, activamos la creatividad comunicando con los emoticones y la utilización de artefactos electrónicos tan diversa que les permite a la gran mayoría portarlos. Todo avance tecnológico es bueno, ágil y rápido pero, sabés qué, en una medida que aporte y no destruya la comunicación emocional.

Es difícil encontrar adolescentes hoy día que puedan mantener una conversación porque eliminamos esas instancias comunicativas. Se desvanecen las propias emociones cuando las reemplazamos por emoticones.

¿Cuánto dialogo se desarrolla en la mesa familiar?

Todo acto tiene consecuencia. Por eso digo que se tienen los adolescentes (y agrego los hijos) que merecemos tener (y me incluyo) en una sociedad muy controvertida, competitiva en cuanto a la modernidad que nos atrapa donde se juega una carrera para ver quién tiene el último celular, la compu de estudio adaptada para jugar, teclados especiales para hacerlo en red. Repito, el avance tecnológico es bueno y nos brinda avanzar en la vida de todos, pero lo que digo es que reflexionemos juntos lo siguiente: ¿qué capacidad de agradecimiento y reconocimiento hay en todo este mar agitado de convivencia humano-tecnológico? ¿Ves hijos felices alrededor? ¿Comparten risas a carcajadas? ¿Ves hijos de buen humor? Porque el humor lo aprenden de los adultos. Y me dirás, «pero Silvia, ¿cómo vas a pretender que en estos tiempos de pandemia que nos toca vivir seamos capaces de sostener un ritmo de vida normal?». Puedo decir que con pandemia o sin ella la vida continúa porque, ¿muere gente? Sí, no lo niego, a quien más a quién menos, nos tocó una pérdida, pero también nacen en pandemia y también están los que estaban y crecen y quieren creer o confiar que todo se acomodará en algún momento.

Como adultos responsables es importante tener en cuenta el mensaje que los padres damos a los hijos e hijas. Cuidarse y protegerse en familia es una de las posibilidades de sostén en estos tiempos de incertidumbre.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Silvia Sproviero.