En el marco de la 20° edición del DOC Buenos Aires, conversamos con Roger Koza, director artístico del mismo. «Cada vez que sube el dólar hay que pensar de inmediato que los screening fee, es decir, los derechos de exhibición que pagan los festivales para pasar sus películas, se vuelven inaccesibles», nos cuenta. «Hoy poder hacer un festival de cine en este país uno se debería dedicar, en líneas generales, a asaltar bancos».

Algunos festivales, incluido el DOC, lograron generar con el tiempo una relación de mutua confianza con directores o directoras que lleva a que accedan a cosas que no deberían acceder, como que no haya una transacción económica entre el festival y las películas. «Eso es muy loable en un sentido, pero en mi juicio no es lo más preferible. Yo quisiera tener muchísimo dinero para poder hacerlo circular entre todos quienes corresponde que tengan dinero en función de las cosas que hacen. Con una sensación menesterosa es con la que se hace un festival de cine en Argentina, esa es la realidad».

Los festivales llevan mucho tiempo de trabajo entre una edición y otra, y frente a la pandemia, el DOC primero puso el pie en el freno con la idea de no realizarse este año y luego reactivó su trabajo para esta edición casi a fines de agosto, lo cual implica una aceleración de tiempos importante para repensar el festival y, además, de manera online. «Vivo pensando en programaciones y en películas. Sé lo que hay, sé lo que me interesa. De inmediato, cuando Carmen Guarini dijo ‘lo hacemos’ fue el momento en el cual mi cabeza parecía que tuviese una adrenalina extraordinaria y, más o menos, lo que pensé en unos 15 minutos, que tenía que ver con cosas que ya había pensado, se puso manifiesto y en ese mediato fue ver las relaciones que se podían establecer».

Sobre las discusiones respecto de los festivales de cine online, Roger nos dice: «No tengo una lectura de demonizar la ida digital, al contrario, soy un usuario compulsivo incluso de las redes sociales y soy un bajador compulsivo de películas. No creo que haya una distinción demonizante, pero claramente hay distinciones que hacer, eso sí me parece importante. Hay algo que sucede en salas que está relacionado con el extrañamiento de lo que implica una sala. El cine tiene esa operación tan misteriosa en donde uno tiene que confrontar, ver, sentirse parte de cosas que jamás fuera de una sala estaría dispuesto a hacer. Entonces bajo ese juego de extrañamiento y distancia que tiene el cine, creo que ese fenómeno está dado en gran parte por la sala. En cambio en el hogar, uno sigue teniendo el control del tiempo, de la pausa, atiende otras cosas. La vida digital es una vida de dispersión, de alguna manera contradice la experiencia en sala, que es una experiencia de concentración. Estas son las distinciones que a mí sí me interesa pensar».

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