La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer en el mes de junio un informe de políticas en el que afirman que el cambio climático afecta directamente la salud mental y el bienestar de las personas.

Al respecto de esta conclusión, que bien podría ser confusa o al menos poco clara en una primera lectura, el organismo destaca la labor de algunos países que ya implementaron políticas públicas para la contención de ciudadanas y ciudadanos que cuentan con apoyo por esta problemática global. La salud mental es «un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad», explican desde la OMS, y «el apoyo en materia de salud mental y psicosocial es cualquier tipo de apoyo local o externo cuyo objetivo es proteger o promover el bienestar psicosocial y/o prevenir o tratar los trastornos de salud mental».

Precisamente, la velocidad con la que el medio ambiente refleja las consecuencias del accionar de la humanidad sobre el planeta provoca trastornos psicosociales que pueden ir desde el malestar emocional, pasando por dolores y ansiedad, hasta llegar a la depresión o tener conductas suicidas. Vale aclarar que estas varían según género, edades y/o situación socioeconómica.

A inicios de este año el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió sobre el tema. «Los efectos están cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana, y existe un escaso apoyo especializado en materia de salud mental para las personas y las comunidades que se enfrentan a peligros relacionados con el clima y a un riesgo a largo plazo», aseguró la doctora María Neira, directora del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS. «La salud mental es una prioridad. Estamos trabajando en estrecha colaboración con los países para proteger la salud física y mental de las personas frente a las amenazas climáticas», afirmó el doctor Diarmid Campbell-Lendrum, uno de los autores principales del documento del IPCC.

«El impacto del cambio climático está agravando la situación ya de por sí sumamente complicada en que se encuentran la salud mental y los servicios de salud mental a nivel mundial. Casi mil millones de personas viven con trastornos mentales pero, en los países de ingreso bajo y mediano, tres de cada cuatro personas no tienen acceso a los servicios necesarios», manifestó Dévora Kestel, también directora de la entidad. «Si se aumenta el apoyo en materia de salud mental y psicosocial en el marco de las medidas de reducción del riesgo de desastres y relacionadas con el clima, los países podrán hacer más para ayudar a proteger a las personas que corren mayor riesgo», que hasta 2021 solo llevaron adelante 9 naciones (de 95 encuestadas) y de las que destacaron lo realizado por Filipinas e India.

Finalmente, el informe detalla y recomienda 5 enfoques para que los Estados consideren al momento de desarrollar políticas públicas para mejorar la salud mental como consecuencia del deterioro del medio ambiente a raíz del cambio climático: integrar las consideraciones climáticas en los programas de salud mental, integrar el apoyo a la salud mental con la acción climática, basarse en compromisos mundiales, elaborar enfoques basados en la comunidad para reducir las vulnerabilidades y reducir el importante déficit de financiación que existe para el apoyo a la salud mental y psicosocial.

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