Precisamente en el Mes del Orgullo, en un franco retroceso de los derechos de las personas trans, travestis y no binarias, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) mediante el Ministerio de Educación porteño anunció la prohibición del uso del lenguaje no binario -empleado para visibilizar la diversidad de género- en las escuelas.

Esta resolución inconsulta generó rechazo en la comunidad educativa, oposición política y parte de la sociedad y, nuevamente, tal como en esos debates de décadas atrás, se esgrimen argumentos vinculados a la gramática y una supuesta confusión de jóvenes para justificar la decisión.

Entonces, ¿para el GCBA dejaron de tener valor las personas con identidades no binarias? En este sentido, consideramos que es válido realizar dicha pregunta, ya que apenas en 2018 se realizaban spots publicitarios que versaban “Todxs tenemos derecho a información…” e, incluso, se llevaron a cabo talleres de capacitación sobre lenguaje inclusivo.

Para dar respuesta a esta medida que atenta contra los derechos de las personas LGBTIQA+, compartimos las voces de algunas de ellas.

Matías Soich, quien integra el Bachillerato Mocha Celis y cuenta con un doctorado en lingüística, explica que “la función del lenguaje inclusivo es cuestionar el androcentrismo y las desigualdades sociales que se expresan a través del lenguaje”.

Asimismo, destaca respecto a su prohibición que “es un acto autoritario, carente de fundamentos pedagógicos tanto como científicos y lingüísticos. Es un gesto político muy grave porque supone un avance más sobre los derechos de las minorías, del colectivo LGBTIQA+ en particular, de los transfeminismos, de la diversidad de identidades que compone la sociedad”.

En este aspecto, cabe destacar que la resolución presentada se apoya en los bajos niveles obtenidos en las evaluaciones de Lengua y Literatura. Al consultarle sobre este aspecto, señala: “Hay estudios que demuestran que se comprende mejor, un conjunto diverso de identidades es expresado mejor por el lenguaje inclusivo. Tanto Horacio Rodríguez Larreta como Soledad Acuña afirmaban que les docentes tienen que respetar las reglas del español, del idioma tal cual es, lo cual es una falacia, les docentes ya usan las reglas del español, el lenguaje inclusivo forma parte, es una variación de la lengua creada por sus propios usuarios, que somos todes. Es política tal como lo son todos los usos de la lengua, sea con la ‘e’, ‘o’ o con la ‘a’, cada forma tiene su significado y su impacto en la sociedad. Lo que hace el lenguaje inclusivo es poner en tensión y mostrar esas diferencias y debates que hay en el seno de la sociedad. Esto de usar la lengua tal cual es justamente es una lengua con disputas internas como lo es la sociedad. Además, se evidencia una concepción muy pobre de lo que son las prácticas del lenguaje, como si solo fuera enseñar reglas gramaticales fijas, rígidas, que hay que aprender de memoria, sin debatir los usos que le damos. La experiencia docente muestra que hablar de lenguaje inclusivo permite problematizar aspectos de la gramática que antes no se problematizaban, generar pensamiento crítico”.

Claudia Falcón -cuyo nombre artístico es Demir Hannah- es cantante y activista trans e integra el Bachillerato Mocha Celis, al ser consultada sobre el tema, nos dice: «Prohibirlo es arbitrario, no influye en la educación, el lenguaje no binario ya está instalado socialmente en nuestro país, mucha gente lo utiliza. Particularmente, tuve que aprender a hacerlo porque vengo de otra formación y me sirvió mucho para comunicarme, es un gesto de respeto, de reconocimiento a otras identidades. No entiendo por qué genera tanta molestia, tanta resistencia desde el patriarcado ante esta posibilidad de ser más plurales y mejorar nuestra comunicación. La medida es discriminatoria porque se sigue pensando desde el binarismo impuesto, dentro del colectivo LGBTIQA+ tenemos una amplia variedad de identidades».

Por su parte, Santiago Quizamas, presidente de la Asociación Varones Trans Santa Fe, sobre el impacto de esta medida, expresa: «En nuestro país hay un resurgimiento de expresiones conservadoras y anti derechos. Estas medidas electoralistas por parte del Jefe de Gobierno porteño y ahora también con Juntos por el Cambio en la Legislatura Santafesina con el mismo proyecto, intentan captar votos en algunos sectores de la población, esos donde siempre estas políticas de ampliación de derechos son resistidas. Nunca fue una obligación el uso del lenguaje inclusivo sino que era cuestión facultativa para aquellos docentes que tuvieran alumnes y se quisieran referir a elles de forma neutra. Esta medida prohíbe tratar a una parte de nuestra población de la forma adecuada vulnerando su dignidad y provocándoles una discriminación y un incumplimiento a la ley de identidad de género, sobre todo en el artículo 12 del trato digno».

Al considerar que el GCBA propició capacitaciones sobre lenguaje no binario en el pasado, Quizamas destaca que “es una medida de época, creo que es un efecto bastante populista, en ese sentido, del gobierno. En verdad lo lamento porque, en definitiva, con anterioridad a esto la Ministra y el Jefe de Gobierno de Buenos Aires se habían mostrado a favor de la inclusión del uso, en todos los niveles, y habían posibilitado distintas herramientas para hablar del tema en las aulas. Hoy esto es un retroceso».

En esta sintonía, Soich agrega que «acciones previas tanto como festejar el orgullo, pintar el Obelisco con los colores del arcoíris, bautizar determinados espacios con nombres de referentes de la comunidad LGBTIQA+ históricos e históricas, hay toda una serie de gestos que son contradictorios con este que ataca de raíz uno de los pilares reivindicados, el derecho a nombrarse y ser reconocides en nuestra diversidad de identidades. Yo creo que de lo que habla es de la falta de ideales y el oportunismo político que va siguiendo las tendencias del momento, es evidente que las decisiones las van tomando de acuerdo a lo que creen que a la sociedad les va a caer mejor. Esto es más cercano a lo que realmente piensan, son sectores que sabemos conservadores, representan a poderes concentrados, a un status quo de mucha desigualdad, este tipo de decisiones son las que más reflejan este tipo de pensamientos».

Para finalizar, comparten su mirada en relación al camino a seguir ante esta prohibición, donde resistir es la consigna.

En principio, Claudia Falcón afirma: «Creo que indistintamente a la prohibición, hay que seguir usándolo, yo lo suelo usar cuando se requiere, si estoy en una reunión con personas hetero-cis no lo hago. En lo personal, yo no soy partidaria de imposiciones, considero que cada persona puede usarlo tal como lo sienta en el espacio y lugar donde considere».

En este aspecto, Santiago Quizamas agrega que «manifestar un repudio contundente a estas medidas y resistir que fue a lo que siempre nos condenó la sociedad. A nuestras identidades nunca nadie nos regaló nada. Siempre la peleamos y eso haremos, en comunidad y con personas que acompañen nuestros reclamos».

Matías Soich concluye que «estas acciones tienen que ser resistidas, cuestionadas desde todos los frentes. Jurídicamente, entiendo que ya hay proyectos para pedir la derogación de esta resolución justamente porque es contradictoria a la ley de identidad de género, es decir, al orden jurídico del país, es violatoria de los derechos humanos. Yo creo que hay que avanzar por el lado legal, desde la comunidad educativa y la sociedad civil en su conjunto tiene que haber un cuestionamiento muy fuerte, no se debe acatar esto en las aulas porque implica violentar identidades, estudiantes y docentes también. Las identidades no binarias, trans, LGBTIQA+ y todo tipo de identidad que no se identifique por el motivo que sea con las formas más tradicionales de nombrar tiene derecho a ser nombrada como lo desea, esto no va contra los derechos de ninguna otra persona. Resulta gracioso cómo los sectores conservadores actúan un victimismo como si se quisiera imponer una forma de nombrarse, precisamente, el lenguaje inclusivo no es una norma, no es obligatorio, es una herramienta más de la lengua que está disponible para visibilizar identidades y cuestionar un orden. Se está tratando de prohibir algo que no es obligatorio».

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