A principios de enero, apenas comenzado el año, el Gobierno porteño anunció un nuevo incremento en la tarifa del subte que se sumaba a los fijados en el boleto de colectivo. Cada pasaje saldrá 4,50 pesos. Si bien debía realizarse una audiencia pública establecida por ley, la decisión de la misma no es vinculante, por lo que no obliga a la administración macrista a acatarla.
Cuando se presentó el nuevo esquema tarifario también se señaló que se establecería un sistema escalonado de descuentos que se haría efectivo de acuerdo a la cantidad de viajes que se realizaran a lo largo del mes. De acuerdo a lo anunciado por el titular de Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), Juan Pablo Piccardo, «para el trabajador o estudiante que realiza cuarenta y cuatro viajes mensuales se le descontarán de la tarjeta 4,50 pesos por cada uno de los primeros 20 viajes; 3,60 pesos para los siguientes diez; 3,15 pesos para los otros diez y 2,70 pesos para los restantes cuatro viajes, lo que da una tarifa promedio mensual de 3,83 pesos por viaje».
La rebaja tarifaría se incrementaría proporcionalmente al subir la cantidad de viajes: «3,69 pesos para quienes realicen 50 viajes por mes; 3,83 pesos para quienes realicen 44 viajes por mes; 3,94 pesos para quienes realicen 40 viajes por mes; 4,20 pesos para quienes realicen 30 viajes por mes y 4,50 pesos para aquellos que realicen 20 viajes o menos al mes», explicó el funcionario.
Pero este aspecto del anuncio que podría suavizar de alguna forma la suba y el impacto al bolsillo, quedó a mitad de camino. Durante el 2014, solamente en tres meses algún pasajero podría hacerse acreedor al descuento del 40%. Esto se debe a que solamente julio, septiembre y octubre serán los meses del 2014 con la cantidad de días hábiles suficientes para realizar esa cantidad de viajes.
El resto de los meses contará con entre 18 y 21 días laborables, por lo que durante ese período la suba para quienes realicen dos viajes por día será de entre 12,57 y 15,14%, en lugar del 9,29 por ciento de descuento máximo posible. Y los que no posean la Sube y paguen pasajes con la tarjeta SubteCard abonarán el pasaje a un valor de 5 pesos.
No es un detalle menor que este no es el primer incremento del pasaje de subterráneo que aplica el Gobierno de la Ciudad tras hacerse cargo del servicio a comienzos del 2013 luego un áspero ida y vuelta con el gobierno nacional. En el medio de ese tironeo la ciudad subió el boleto a 2,50 pesos y después el traspaso quedó en la nada. Cuando se efectivizó la transferencia del servicio el año pasado se propuso un aumento a 3,50 que, tras una disputa judicial, quedó firme en enero. En resumidas cuentas, sería el tercer incremento en dos años.
Al respecto, el secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro, Roberto Pianelli, señaló en la audiencia que «esta medida solo se explica como la decisión política de expulsar a un sector de la Ciudad y convertir al subte en un servicio de privilegio». El gremialista precisó que con todos los incrementos de tarifas «sumamos casi un 400% de aumento desde que el PRO se hizo cargo, porque recordemos que con el aumento a 2,50 pesos, 200 mil personas aproximadamente dejaron de usar el subte».
Del lado del gobierno estuvo Picardo, quien presentó nuevamente la propuesta de modificación del cuadro tarifario. Para defender las subas sostuvo que se deben a la inflación e indicó que el Gobierno porteño tiene previsto «duplicar el número de usuarios para este año» e invitó a los presentes a reunirse con él y su equipo si quedaban dudas acerca de la propuesta presentada.
El legislador por Izquierda Popular, Pablo Ferreyra, reclamó al ejecutivo de la ciudad que «frene el aumento de la tarifa y que se realice una auditoría externa, exhaustiva e imparcial, sobre las ganancias y la estructura de costos de la empresa Metrovías y del grupo Roggio. Sólo de esa manera se podrá determinar la tarifa técnica real del servicio y a partir de eso establecer una tarifa que permita el uso del subte para todos y todas los que quieran utilizarlo».
Por su parte, María Rachid, del Frente para la Victoria, indicó que «el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuenta con el presupuesto más alto del país, con lo cual está en condiciones de garantizar el acceso al transporte de todos los vecinos de la Ciudad», mientras que Gustavo Vera, de UNEN, consideró «insuficiente» el argumento del macrismo y dijo que la medida es «una verdadera estafa. Lo que no nos dicen es que el aumento del presupuesto autorizado el año pasado por la Legislatura para esta empresa hoy no les alcanza y por eso aumentan el boleto».
Un luchador constante por el subte es el diputado porteño por el Movimiento Socialista de los Trabajadores, Alejandro Bodart, quien afirmó que «el PRO ya tiene decidido todo y seguirá adelante con los aumentos, con lo cual ya este incremento se convierte en otra medida injustificable de este gobierno porteño. Lo mismo han hecho en materia educativa, privilegian lo privado por sobre lo público. Nos dicen que aumentan porque es un requerimiento de la empresa Metrovías, ellos representan claramente esos intereses y no los de los ciudadanos». Recordemos que Bodart impulsó la medida contra el anterior aumento y presentó un recurso contra esta suba en la que explicaba que el juez Pablo Mántaras no se había pronunciado contra el incremento anterior (a 3,50) y que solo había levantado la medida cautelar. “Con estos tarifazos lo único que se pretende es beneficiar a una empresa que además de los aumentos del boleto este año recibirá más de 1.000 millones en subsidios”, sentenció Bodart.
En la audiencia, en la que estaban anotados más de 100 oradores, también estuvieron presentes los legisladores Marcelo Ramal (Partido Obrero), José Campagnoli (Nuevo Encuentro) y la exlegisladora María José Lubertino, entre otros.
Y más allá de costos, descuentos, precios y aumentos de boletos hay un aspecto que no debemos dejar de lado ni olvidar. Se sigue viajando en malas condiciones. Las frecuencias siguen siendo muy alejadas de lo necesario con formaciones sucias, rotas, las estaciones están mal ventiladas, con escaleras mecánicas eternamente fuera de servicio al igual que los ascensores para discapacitados. Se justifican los aumentos para poder mejorar la prestación del servicio, pero uno paga más caro sin que eso redunde en un mejor viaje.