Según la categorización de actividades hecha por el Gobierno Nacional durante la pandemia, el teatro no es esencial. Habría que preguntarse, ¿para quién?

Durante la semana se dio a conocer la lamentable noticia de otro complejo teatral que baja el telón definitivamente y sin aplausos. Se trata del emblemático Teatro Ensamble de Banfield, dirigido por el prolífico dramaturgo y director Nelson Valente, después de 24 años trabajando como compañía y 20 años como sala.

«La realidad tomó la decisión y nosotros la ejecutamos”, así lo dijo Valente en una entrevista en Buenos Aires Cosmopolita. Según palabras del director, la acumulación de deudas con proveedores y empleados a causa de mantener tantos meses las puertas cerradas al público, hizo inminente la clausura de sus instalaciones. El cierre definitivo tendrá lugar el próximo 31 de diciembre.

Tres salas, una galería de arte, un restó bar y las oficinas de la compañía componían este complejo que vio pasar a miles de espectadores, cientos de artistas en formación, actores, técnicos, directores y un variopinto conjunto de profesionales de las artes escénicas que ahora pierden una sede para ejercer su trabajo.

“A partir de marzo, cuando el Gobierno detuvo las actividades culturales, trasladamos nuestra programación al formato online de jueves a domingo. Algunos eventos eran a la gorra, otros fueron con entrada. Tratamos de enfrentar la pandemia con actividad. Eso y el aporte que recibimos del Estado nos permitió pagar al menos un porcentaje de los sueldos. Pero en octubre comenzó la debacle», comenta Valente.

El dramaturgo explica que después de 20 años de labor, el grupo o compañía pudo llegar a un estado de profesionalización de la actividad teatral que implicaba recibir la remuneración correspondiente, por lo que ahora no se trata solo del cierre de un espacio físico sino de una institución. «Seguir desarrollando nuestras actividades sin esta profesionalidad (sin sueldos), sería convertirnos en una institución amateur», añadió.

El cierre del Teatro Ensamble de Banfield no solo se traduce en la pérdida de fuentes de trabajo y el cese de actividades de un grupo de artistas. También significa una gran pérdida cultural para la localidad e incluso para la provincia. «Nuestro trabajo tuvo una fuerte repercusión en el público, una participación enorme. Teníamos una escuela con 400 alumnos que cada año se renovaba, y unos 8.000 espectadores por mes», detalló Valente.

Algunos espacios culturales, sobre todo aquellos que cuentan con capital privado o dependen del Estado, pudieron reabrir sus puertas a final de año cumpliendo con el protocolo y, en consecuencia, con capacidad reducida. Pero el sector independiente está dando patadas de ahogado. Además, la posibilidad de que vuelva la cuarentena estricta a causa de un rebrote del virus dibuja un panorama apocalíptico para la cultura.

El novelista checo Milan Kundera definió la cultura como «la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir», y el novelista francés Andrés Marraux afirmaba que «la cultura hace al hombre algo más que un accidente en el universo». El verdadero accidente fue la pandemia de coronavirus y quizás una inteligente manera de enfrentarlo sea aceptar de una vez por todas que los artistas y trabajadores de la cultura, son efectivamente esenciales.