Entre los Dioses que forman la trilogía mitológica griega nos encontramos con Hades (el invisible) o más conocido como Plutón (su nombre romano), “El Rico” .
Zeus, su hermano, lo liberó de las entrañas de su padre cuando este tenía el hábito de devorar a sus hijos y, en agradecimiento a esa actitud, ayudó a Zeus a apoderarse del reinado cuando luchó contra Cronos por el Universo. Para eso, tuvieron que pelear contra los titanes y los cíclopes, a los cuales vencieron. En agradecimiento y ya con el Universo en sus manos, Zeus le concedió a cada hermano un plano del mismo: Hades recibió el Inframundo, o como se lo conoce en occidente, “el infierno”.
Infierno significa “lugares inferiores” y allí habitan todo tipo de criaturas, por lo general, muchas de ellas feroces que torturan a los muertos cuando Hades les permite la entrada, pero no su salida.
Si bien era afortunado por poseer las riquezas de la Tierra, no fue así en el plano del amor, ya que nadie quería habitar el Inframundo. Por esta razón, Hades raptó a Proserpina y se la llevó a sus dominios: él tenía muy en claro que las Diosas, ninfas y mortales le temían como a ningún otro.
Si bien en el reparto de los mundos le tocó lo más rechazado, a Plutón le decían «el rico» porque poseía todas las riquezas del interior de la Tierra, y el averno tenía una dinámica de trabajo que quizá no disponía el Olimpo.
Símbolos importantes en el Averno
El Tártaro propiamente dicho, donde estaba el tribunal de Radamanto. Este era uno de los jueces de los muertos que indagaba y te hacía confesar los crímenes más espantosos, además de obligarte a exteriorizar todas las culpas y secretos que querías guardar muy internamente en tu corazón. Dentro del infierno era el lugar más oscuro, cubierto por tres muros y, si se intentaba llegar a él, se tardaban nueve días y nueve noches, o sea que podemos comprender que era un lugar casi inaccesible, salvo para los criminales, Dioses rebeldes o semidioses castigados.
El infierno estaba surcado por diferentes ríos, como el río Leteo, el Estigia, el Flegetón y el Aqueronte, y en el cual cada uno cumplía una función diferente.
El Leteo
Borraba los recuerdos de los mortales, por esa razón los que creemos en la reencarnación no podemos recordar nuestras vidas pasadas. Si bien existen diferentes técnicas de regresiones para establecer quiénes fuimos, yo particularmente prefiero no saber quién fui, no por miedo sino para no quedar prendida a un pasado y no tocar circuitos que en forma natural se borran. El Leteo puede ser letal, ¡ojo con eso!
El Estigia
Río infernal que tenía propiedades mágicas. Aquí es donde Tetis sumergió a Aquiles para hacerlo invulnerable, salvo que no sumergió todo su cuerpo y dejó su talón fuera del río y fue así como surgió el mito del talón de Aquiles, la parte más débil que todo humano tiene. Además, este cauce cumplía la función por la que, cuando un Dios quería comprometerse por juramento, Zeus mandaba a Iris a llenar una jarra con estas aguas, y si el Dios que se había comprometido no cumplía con su compromiso, entonces se lo mandaba al Inframundo y le esperaban castigos terribles.
El Flagetón
Era un río de fuego que tenía un sonido estremecedor y se unía al Aqueronte, donde en sus riberas esperaban los muertos para pasar a la otra orilla.
También encontramos a Caronte, el barquero que trasladaba a los muertos a la otra orilla a través del río Aqueronte, siempre y cuando se le pagara un óbolo para poder cruzar. Caronte significa “brillo intenso”… entonces pregunto, ¿acaso no será el brillo intenso o la luz que muchos agonizantes ven cuando están pasando de este mundo al otro? Muchos volvieron para contar lo que sucede en el más allá, y por supuesto que vuelven porque no cruzaron la otra orilla… o porque quizás Caronte no aceptó la moneda ofrecida.
Otro personaje muy conocido dentro del Inframundo era el Can Cerbero, el perro de tres cabezas y cola de serpiente, la mascota de Hades. Este perro era quien cuidaba las puertas.
Asimismo, podemos encontrar los “Campos Elíseos”: su extensión era enorme y estaba formado por verdes prados y árboles frutales. No existían los vientos, solo las brisas. Estaban rodeados por arroyos y cantos de todo tipo de aves. Era el descanso de los bienaventurados, acá no existía la vejez, ni el dolor, ni la envidia, ni la maldad y todo era armonía y disfrute. Muchos se pueden preguntar cómo puede ser que en el mismo infierno se encuentren los Campos Elíseos.
A la mitología no hay que leerla como letra muerta, ¿acaso el infierno y el paraíso no están en nuestra mente? ¿O acaso creen que para encontrar todos estos lugares tenemos que irnos a algún sitio en especial? Se encuentran dentro nuestro, en nuestra propia mente, depende de nosotros donde queremos estar.