“Un poquito tarada” es una novela inteligente. En un primer momento, pareciera que la última novela de Dani Umpi es nada más que una serie de sucesos psicóticos que una adolescente de Ballester (cuyo nombre nunca aparece) le comparte a los lectores. Pero no, la novela va más allá hasta convertirse en una radiografía de la época en la cual el autor está sumergido. El relato de Umpi está inserto en un tiempo que, como afirma la antropóloga Paula Sibilia (en “La intimidad como espectáculo”), “estimula la hipertrofia del yo hasta el paroxisimo”.

La protagonista y narradora de “Un poquito tarada” realiza una exhibición de su yo todo el tiempo. Lleva adelante una exposición de lo íntimo en lo público, sobre todo, en las redes sociales. Su vida transcurre en las fiestas Plop, la merca, el porro, el alcohol y en las calles y boliches de São Paulo, pero más importa cómo transcurre su vida social en el mundo virtual. Le preocupa más por la cantidad de comments y ff’s que sus fotos generan, antes que lo que genera su accionar en “el mundo real”. Si se sigue con lo planteado por Sibilia, la novela de Umpi invita a conocer el “diario éxtimo” de su protagonista, es decir, un diario que “consiste en exponer la propia intimidad en las vitrinas globales de la red”.

También hay que destacar la preocupación de la narradora por exagerar cosas superficiales. Por ejemplo, en un momento de crisis familiar su mente es atravesada por la siguiente idea: “Me gustan mucho las cantantes brasileras aunque no las conozca. Me gustan sus voces, sus pelos, sus pelucas, sus ropas, sus maquillajes, sus liposucciones, sus nombres. Fafá, Zizí, Naná, Bebé… nombres de pajaritos”. Nada más importante que el look de las artistas brasileras…

¿Por qué la protagonista tiene tanto afán por el reconocimiento externo y por pensar en las características superficiales de las cosas? Porque se encuentra en una “sociabilidad líquida”. Ese tipo de “sociabilidad”, en la que Umpi inserta a sus personajes, “aparece un tipo de yo (…) que se exhibe en la superficie de la piel y de las pantallas”, explica Sibilia en su texto. Además, agrega que las personalidades son “construcciones de sí orientadas hacia la mirada ajena o exteriorizadas, no más introspectivas o intimistas”.

Si bien pareciera que la superficialidad manda, la historia que propone Dani Umpi se encuentra muy lejos de cuestiones de ese tipo. “Un poquito tarada” no se limita a narrar los excesos de una adolescente del Siglo XXI, ni sus ganas por transar con chicos gays, o con ser una “mujer-trava”. Detrás de las cuentas en Fotolog y Facebook, el uruguayo construye una historia dramática y trágica, la de una chica del conurbano bonaerense que pierde absolutamente todo, solo le queda la supuesta compañía de su abuela y el afán por encontrar a su padre, que la abandonó cuando ella era niña. La cantidad de situaciones dramáticas que hay en esta novela genera que el espectador no pare de sorprenderse de la manera en que los problemas planteados van desenlazándose, porque cada desenlace es más inesperado y psicótico que el anterior.

Además de los traumas de la infancia, la narradora de la novela posee (y es víctima de) otras dos características propias de la era de la telecomunicación: ansiedad y paranoia. El trastorno de ansiedad que sufre la protagonista aparece apenas iniciado el relato, cuando su amiga Bruna no le atiende el teléfono. La exaspera no tener noticias virtuales de ella, a tal punto que la considera una “loca de atar” por haber dejado su teléfono celular perdido una semana entera en el desorden de su pieza. ¿Cómo puede ser posible que su amiga tarde una semana en dar noticias sobre su vida, si para conseguir cualquier otro dato sobre cualquier otra persona tarda apenas unos segundos gracias a una búsqueda en Google o Facebook?

Con respecto a la paranoia, la protagonista imagina situaciones trágicas, casi irreales. Ante cada acontecimiento que se le presenta es posible que haya una situación siniestra detrás: caminar por São Paulo con su abuela es sinónimo de que, inminentemente, puede recibir un tiro, o que una empleada de limpieza se le acerque ya le hace pensar que puede ser víctima de un secuestro.

Sibilia afirma que en este siglo “se convoca a las personalidades para que se muestren”. Por ese motivo, el recorrido y análisis sobre la realidad adolescente que realiza el autor en esta novela es tan delirante y “rari” como acertado. Ningún detalle se le escapa. La historia de esta chica de Ballester sirve para demostrar cómo la búsqueda por la aprobación de los otros lleva a exponer en las redes sociales, de manera continua e impúdica, los aspectos superficiales de la vida porque, al fin y al cabo, solo eso se puede mostrar: no hay espacio para la tristeza o el dolor por el abandono de un padre en Fotolog ni Facebook.

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