Se cumple un nuevo aniversario de la guerra de Malvinas, 31 años de un enfrentamiento bélico absurdo como tantos pero que, para nosotros, tiene un significado mucho más profundo. Una acción desesperada de un gobierno militar desprestigiado que usó una causa que toca las fibras más profundas de una nación como forma de mantenerse en el poder. Una jugada a todo o nada. Y fue nada y fue todo. La dictadura militar logró nada, solo más desprestigio y su caída final. La gente logró todo, recuperó la democracia que hasta hoy, con sus fallas, sus errores y sus sobresaltos sigue vigente.
MalvinasEse dos de abril de 1982 nos despertamos con la noticia que las Fuerzas Armadas habían recuperado ese archipiélago tan anhelado. La euforia generalizada contagió a la población en todos los estamentos, con algunas excepciones que alertaban que la situación y el devenir de los acontecimientos no serían tan favorables a la Argentina. Argumentos que no eran bien recibidos y hasta se los acusaba de anti argentinos.
MalvinasCon las islas ocupadas y con la idea de que Gran Bretaña no iba a mandar tropas para recuperarlas y, en medio, negociaciones diplomáticas en las que intervinieron en distintos momentos Estados Unidos, Naciones Unidas y Perú, con las propuestas de su presidente y del entonces titular de la ONU, Javier Pérez de Cuellar. Todas las negociaciones llegaron a un mismo destino: su descarte y rechazo por alguna o las dos partes que disputaban la soberanía en las islas.
MalvinasY el gobierno, con los medios estatales que respaldaban la acción militar y con el apoyo de la gente que se reunía en las plazas, quiso capitalizar el respaldo a la causa Malvinas como si fuera al gobierno y su administración y lanzó la arenga mayor: el tristemente famoso “¡Si quieren venir que vengan… les presentaremos batalla!”.
La respuesta fue venir, al costo que fuera. Si bien era económicamente oneroso para los ingleses, el honor estaba en juego. Había connotaciones políticas respecto de una dictadura y, como señalaba Margaret Thatcher, de permitir el triunfo de una nación agresora.  Y en eso basó su rechazo a las negociaciones al reclamar desde siempre el cumplimiento de la resolución original de Naciones Unidas que establecía el retiro de tropas.
MalvinasEntre las negociaciones y los obstáculos a las mismas se llegó a un desenlace que, para algunos, fue inesperado pero que otros estuvieron impulsando desde un principio: la guerra entre una nación perteneciente a la OTAN contra un gobierno dictatorial que esperaba una neutralidad por parte de Estados Unidos por su respaldo a las actividades anticomunistas que llevaba adelante.
Pero la realidad fue otra. El respaldo, implícito al principio mientras Alexander Haig, el secretario de Estado, llevaba adelante las negociaciones para evitar el conflicto y tras su fracaso, abierto, fue para su principal aliado en el conflicto Este-Oeste de la Guerra Fría.
Tras 74 días, la bandera británica volvió a flamear en Puerto Argentino, los combates dejaron alrededor de 700 muertos argentinos y 300 británicos, cifras incrementadas posteriormente en ambos bandos por los suicidios posteriores al enfrentamiento.
MalvinasA más de 30 años del inicio de esta escalada diplomática y su eventual conflicto bélico, el reclamo argentino sigue pero no se prevé un nuevo conflicto, pese a que Gran Bretaña ha incrementado notablemente los efectivos y equipamientos en la zona. Argentina sigue pidiendo a Gran Bretaña las negociaciones al ampararse en los pedidos de la ONU de dialogar para encontrar una solución definitiva a la cuestión de la soberanía en el archipiélago.
Lamentablemente, no parece que vaya a encontrarse una resolución al problema, al menos por el corto o mediano plazo.
MalvinasVarias son las causas que podemos señalar. La negativa británica a un diálogo serio con miras a una solución y no solo una pérdida de tiempo. Algo que ocurrió en 1982 y llevó a un conflicto sangriento. Los isleños reclaman ser tenidos en cuenta en esas negociaciones y en un referéndum hecho en marzo de 2013 señalaron sus deseos de seguir siendo británicos. Y este es un punto en el que Argentina debería insistir en su ofensiva diplomática, ya que es un fuerte argumento de que las partes en pugna son dos, argentinos y británicos.
Tambien se debe señalar la necesidad de mantener una línea coherente en las relaciones exteriores, algo aplicable a todas las relaciones internacionales, más allá de este caso puntual. Argentina como Estado ha atravesado casi todas las situaciones posibles respecto de Malvinas. Antes de la guerra había cooperación, vuelos, relaciones entre las comunidades y luego se pasó a a la agresión. Con el retorno de la democracia no hubo relaciones diplomáticas hasta la década del 90, donde se intentó la llamada política de seducción, de ganarse a los kelpers. Finalmente, con el kirchnerismo se pasó a una relación hostil dentro de la diplomacia.
Gran Bretaña, aún con el incremento de su base militar en Malvinas, tuvo dos aspectos en los que se mantuvo firme, más allá de la ideología de sus gobernantes: no negociar la soberanía y el respeto de los deseos de los habitantes de las islas.
MalvinasEl aspecto económico juega su papel. Con las licencias de pesca y el descubrimiento de petróleo las Malvinas pueden acceder a un beneficio económico que los ayude a mantener su estatus de Territorio Británico de Ultramar, en el que su defensa y sus relaciones exteriores estén en manos de Gran Bretaña.
No es menor tener en claro qué hacer con las islas. En un hipotético caso de que la soberanía regrese finalmente a la Argentina es imprescindible saber que no son solo un puñado de rocas. Los jóvenes conscriptos que dieron su vida por defenderlas lo merecen.

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