Un articulo del neurocirujano Eben Alexander (egresado de Harvard), quien había estado sumido en un profundo coma por más de una semana, dijo: «Sí, hay vida después de la muerte, lo he comprobado». A razón de esta experiencia ha escrito un libro titulado: «Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife» («La prueba del cielo: el viaje de un neurocirujano a la vida después de la muerte»).
Eben Alexander, a través de una revista estadounidense, ha publicado varios extractos del libro y, a raíz de esto, hay una inmensa polémica ante expertos de la ciencia.
Las últimas noticias que han salido publicadas sobre este tema tan apasionante son sobre unos científicos belgas de la Universidad de Lieja, donde han estudiado con pacientes que estuvieron clínicamente muertos. El equipo de la científica Marie Thonnard llegó a la conclusión de que el cerebro no solo recuerda la experiencia cercana a la muerte como si fuera real, sino que la recuerda mejor, y con más detalle.
vidaUna de las experiencias más sorprendentes, publicada recientemente en una entrevista que dio el cirujano Alexander, es cuando cuenta su “visita al cielo” como él la llama. Si bien hacía mucho tiempo que estaba separado de la religión y no concurría a una iglesia, respecto a este pasaje de esta vida al mas allá, se refirió como “una aventura que comenzó en un lugar espacial, más alto que las nubes. Allí había criaturas muy diferentes a las que hay en la Tierra, pájaros y ángeles que, sencillamente, eran formas superiores”. También contó que escuchaba “unos cantos gloriosos, que más tarde entendí como gritos de alegría”.
Otro pasaje de su libro dice que “estaba rodeado de millones de mariposas y una mujer, al modo de un ángel de la guarda”. La misma le susurró tres mensajes concretos en un idioma desconocido pero entendible en ese momento para el neurocirujano: “Sois amados y respetados, os querremos para siempre”, “no tienes nada que temer” y “no hay nada por lo que puedas hacer el mal”. Esta mujer también le prometió que le enseñaría muchas cosas de ese nuevo mundo, pero que inevitablemente debía volver a la Tierra.
Comprendo que en el mundo científico habrá muchos colegas que no lo entienden o, como expresó Alexander: “Otros médicos me dicen que todo es cosa de mi mente, pero está lejos de ser una alucinación porque fue tan real o más que cualquier otro acontecimiento vital anterior”. No lo entienden porque las investigaciones quieren encontrar la respuestas en el cerebro, cuando en realidad la tienen que buscar en la mente. El cerebro es un órgano de la mente, y es la mente la que tiene estas experiencias. El cerebro lo único que hace es traducir, interpretar y convertir la experiencia del “más allá” en algo entendible en el “más acá”.
Los científicos se darán cuenta a través de mapeos cerebrales que zonas del cerebro se iluminan, cambian el color o que la química corporal cambia cuando hay una hormona que no funciona correctamente. Al suceder esto se altera toda nuestra conducta emocional (entre otras cosas), pero la mente está más allá de esto y es ella la que tiene estos estados de conciencia y puede tener experiencias de todo tipo sin necesidad de pasar por un proceso de muerte. Pero como en notas anteriores expresé que estamos ante los umbrales de la era de “los sin velos”, justamente los que están pasando por “experiencias paranormales” son los hombres de ciencia, aquellos que teniendo el conocimiento de lo que le sucede al ser humano y con su maquinaria lo pueden comprobar, necesitan ahora “experimentar” lo estudiado. Estos hombres estuvieron al servicio del lado izquierdo del cerebro y hoy tienen que aprender a utilizar el lado derecho del mismo.

Organizado el cerebro

¿Como hacés para cambiarle a una persona toda una estructura de pensamiento, o sea corredores neuronales, que transitan siempre por una parte del cerebro? Si, es verdad, hay ejercicios para poder utilizar los dos hemisferios. Un libro muy bueno de un biólogo molecular argentino, más precisamente rosarino, Estanislao Bachrach, se llama “Ágilmente” y da consignas muy precisas para poner en funcionamiento todo nuestro potencial.
Generalmente personas importantes dentro de la ciencia, con preconceptos establecidos y una parte del cerebro muy desarrollado (el científico), no pueden incorporar la otra mitad. Entonces la única manera de romper con eso es a través de experiencias extremas, como un coma, o un accidente donde ven la muerte de cerca, donde las barreras están bajas, el cuerpo no interfiere y lo único que te queda es experimentar la vivencia.
Como la naturaleza es tan sabia y las cosas deben ser dadas y comprobadas, porque en la era de Acuario (donde su slogan es “yo sé”) todo tiene que saberse, hace que el individuo tenga una vivencia que lo conmocione de tal manera que pueda (a través de la única llave que es la de “abrir su corazón”) comprobar vivencias inexplicables.
Otra perlita para aquellos que les fascina hacer ley de analogía y comprobar que todo tiene que ver con todo: ¿sabías que Caronte el barquero, significa brillo intenso, y es el que trasladaba las almas de los muertos de una orilla a la otra? ¿No será esa luz la que ven los moribundos cuando están por ser trasladados al otro lado de la vida? Para pensarlo.

Cielo