«Columbus»: un presente suspendido entre recuerdos y edificios

En «Columbus» (2017), la melancolía funciona como una forma de desconexión del presente. Jin (John Cho) regresa a Columbus obligado por la internación de su padre, con quien mantiene una relación fría y distante. Su padre es un renombrado arquitecto que puso su carrera como prioridad antes que la crianza de su hijo, construyendo una barrera emocional entre ambos. En cambio, Casey (Haley Lu Richardson) permanece en la ciudad porque siente que no puede abandonar a su madre. Ambos personajes están definidos por sus relaciones familiares que condicionan su presente. Entre expectativas ajenas y decisiones que no terminan de tomar, la película muestra cómo el pasado sigue vivo, latente, delimitando aquello que los protagonistas pueden hacer o imaginar para sí mismos.

El director Kogonada construye desde el silencio, los espacios vacíos y la contemplación a Columbus, la ciudad que le da nombre a este filme y su gran protagonista. Esta es representada como un lugar de estabilidad donde los edificios inmóviles, geométricos, casi perfectos logran contrastar con los personajes de este film, quienes son incapaces de encontrar una estructura interior. A su vez, los espacios resaltan por sentirse especialmente inertes, generando una atmósfera cuasi liminar, como si Columbus no fuese un lugar para quedarse, sino como un umbral hacia lo que vendrá. Así, los protagonistas encuentran en la arquitectura de la ciudad un reflejo emocional de lo que carecen; buscan en ella una claridad que sus propias vidas no poseen.

Una de las escenas que mejor refleja este estado es aquella en la que Jin y Casey conversan después de observar desde el auto el edificio del Irwin Union Bank, el tercero en el orden de preferencia de Casey, pero claramente el que más la conmueve. Cuando finalmente salen del vehículo, la protagonista logra expresarse, con un contenido dolor, respecto a un momento muy duro de su vida: cómo tuvo que lidiar con la adicción de su madre a la metanfetamina durante su adolescencia. Entre lágrimas, risas y silencios, finalmente es posible entender que la protagonista desea irse, estudiar arquitectura y construir otra vida, también al mismo tiempo siente culpa y preocupación por abandonar a su madre, convencida de que ella no será capaz de estar bien por sí sola. Su melancolía nace justamente de esa contradicción: querer avanzar y sentirse incapaz de hacerlo. Jin menciona que muchos arquitectos, incluido su padre, suelen decir que la arquitectura puede curar a las personas, aunque aquellas palabras parecen más un anhelo que una verdad. Casey lo resume con claridad, diciendo que observar puede otorgar calma, pero no cura nada.

«Columbus» es una película sobre la conexión con los demás, con el lugar al que uno pertenece y, sobre todo, con uno mismo. Una gran melancolía se hace visible cuando esos vínculos dejan de ser claros y se transforman en obstáculos. ¿Qué quiere uno ser realmente? ¿Qué se gana y qué se pierde al buscarlo? La película no busca darles respuesta a estas incógnitas, no pretende acotar o definir la realidad de los personajes con una única certeza. En cambio, encuentra en ese limbo de incertidumbres una manera profundamente humana de expresar la tristeza: una forma de dolor por aquello que aún no terminó y por lo que aún no ha empezado.