Con el comienzo de la facultad y el trabajo, combinar ambas responsabilidades se vuelve estresantes y agotadoras. Es por eso que estas actividades contienen la información necesaria para entender cómo funciona en el cuerpo y qué factores influyen en cómo nos sentimos en estos momentos de exigencia.
Empecemos con la explicación física
El cortisol es una hormona que el cuerpo produce de forma natural y que cumple un rol clave en nuestra vida, se libera a través de glándulas y ayuda a darnos energía, reaccionar ante situaciones difíciles y regular funciones importantes como el sueño, el metabolismo y la presión arterial. Entonces, el cortisol es fundamental para el funcionamiento del organismo.
Cuando el cortisol se mantiene elevado durante mucho tiempo, que suele suceder en contextos de estrés constante, preocupaciones, falta de descanso o sobrecarga mental, el cuerpo queda en estado de alerta permanente, como si siempre estuviera preparado para enfrentar un peligro.
Entre los factores que pueden hacer que el cortisol aumente se encuentran el estrés emocional como la ansiedad o la presión, dormir mal o pocas horas, el exceso de actividad sin descanso, una mala alimentación y la falta de momentos de relajación. Cuando este estado se prolonga, el cuerpo empieza a dar señales. Algunas de las más comunes son el cansancio constante, la dificultad para concentrarse, los cambios de humor o irritabilidad, los problemas para dormir y la tensión muscular. Se comienza a sentir una sensación de aceleración todo el tiempo.
Frente a esto, existen formas naturales de ayudar a regular el cortisol y recuperar el equilibrio. Incorporar técnicas de respiración o meditación, mejorar la calidad del sueño y establecer rutinas, así como desconectarse de las pantallas o escuchar música tranquila.
En ese camino, actividades como pilates se destacan por sus beneficios. Esta disciplina combina movimientos lentos y controlados con la respiración, lo que permite trabajar el cuerpo como la mente. Fortalece el centro corporal, mejora la postura y aumenta la flexibilidad sin generar impacto en las articulaciones. Es importante que al exigir concentración en cada ejercicio, funciona como una especie de meditación en movimiento que ayuda a reducir el estrés.
Otra herramienta útil es el zentangle, una técnica de dibujo basada en la repetición de patrones simples. No busca un resultado perfecto sino que prioriza el proceso. Al enfocarse en trazos repetitivos, la mente se calma, se aleja de pensamientos estresantes y se conecta con el presente. Es una actividad accesible para cualquier persona, ya que no requiere experiencia previa y permite soltar la autoexigencia. Preguntar y observar en el pasado, porque probablemente ya se haya practicado esta técnica: aburridos en una clase o conferencia, los dibujos que hacemos en la hoja son para llamar la concentración.
También existen ejercicios puntuales como la técnica 5-4-3-2-1, una práctica de atención plena diseñada para reducir la ansiedad. Consiste en usar los sentidos para anclarse al presente: identificar cinco cosas que ves, cuatro que sentís con el tacto, tres que escuchás, dos que olés y una que saboreás. De esta forma, el cerebro deja de enfocarse en preocupaciones y entiende que no hay un peligro inmediato.
Cuando el ritmo de vida empuja al estrés constante, aprender a reconocer las señales del cuerpo y generar espacios de calma se vuelve fundamental. Bajar el cortisol no es solo una cuestión física sino, también, una forma de cuidar el bienestar mental y emocional.