Margarita Salas falleció este viernes 8 de noviembre a los 80 años, tras toda una vida dedicada a la biología molecular. La bioquímica española, discípula de Severo Ochoa, nunca dejó de investigar y será recordada como la gran dama de la ciencia española.

Murió en su ley

Salas trabajó hasta el último día en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa como profesora ad honorem. El pasado mes de junio recibió en Viena el premio al Inventor del Año 2019, entregado por la Oficina Europea de Patentes, en dos categorías: logro de una vida y voto popular. Fue un doblete nunca antes visto en los 14 años de historia del galardón.

“El hecho de que, a partir de una investigación básica, que es la que yo siempre he hecho, salga una aplicación biotecnológica de tanta importancia, es muy gratificante”, explicó la bioquímica.

Salas fundó el primer grupo de investigación en genética molecular de España en 1967 y, a lo largo de su carrera, recibió numerosos premios internacionales y nacionales, entre los que se encuentran la Medalla Mendel, el Premio Rey Jaime I, el Premio Nacional Ramón y Cajal, el Premio L’Oreal UNESCO y la Medalla Echegaray.

“No debe haber jubilación para un científico. Si quiere, que se retire, pero si no quiere y está en buenas condiciones, ¿para qué? Tiene toda la experiencia que dan los años y puede producir mucho”, dijo Margarita Salas en una entrevista.

Como siempre quiso vivir así se fue, en plena actividad investigadora. Vale recordar que Salas rechazó la comparación con Marie Curie, pero la casualidad quiso que el mismo día del nacimiento de la científica polaca falleciera la dama de la ciencia española. “Yo creo que no hace falta ser un genio para ser buena científica. Yo me considero una persona absolutamente normal”, se autodefinió en alguna oportunidad.

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