Nuestro cuerpo está constantemente conectado con las emociones y puede manifestarse desde una tensión sutil hasta un dolor punzante, estos pueden aparecer y desaparecer o aparecer y permanecer. Depende de la atención que le brindemos.

Los dolores y sensaciones que se perciben desde el interior hacia la piel son una forma que tiene nuestro cuerpo y nuestra mente de contar lo que le pasa. Cada parte de nuestro cuerpo expresa lo que nuestras emociones callan o, simplemente, no supimos expresar.

Un ejemplo claro lo vemos cuando, por temor a lastimar a otra persona, no se expresa lo que se siente y estas emociones que se callan van calando en nuestro cuerpo por días, meses, años y, en algún momento, el malestar se hace presente.

En la actualidad se lleva a cabo un método complementario a cualquier terapia tradicional llamado biodescodificación, el cual brinda herramientas para la auto indagación y el conocimiento del ser, para comenzar el camino a la curación de las enfermedades o síntomas tanto como para prevenirlas. Método que no pretende reemplazar terapias o tratamientos médicos o psicológicos. Es así que los síntomas de la enfermedad nos sirven de código para descifrar qué emoción se encuentra oculta.

A nuestras emociones les acompañan nuestras creencias. Estas son pensamientos que usamos para dirigir nuestras vidas como mapas mentales a los que les otorgamos la etiqueta de verdad total. Con las creencias estructuramos nuestra mente y creamos hábitos.

Su función no es coincidir con la realidad sino juzgar a la realidad en base a nuestras experiencias y convicciones. Muchas veces nuestras creencias nos garantizan la supervivencia, pero no la felicidad.

Con la biodescodificación lo que hacemos es actualizar nuestro sistema de creencias para que este coincida con nuestros deseos y, a su vez, nos facilite la supervivencia.

Muchas situaciones que suceden en la vida pueden perturbar la salud emocional con una afectación que va desde el mundo exterior hacia nuestro mundo interior. Lo vemos a diario con el sobre estrés, ansiedades, tristeza e, incluso, los cambios buenos o deseados pueden ser tan estresantes como los cambios no deseados. Como ejemplos tenemos una pandemia, ser despedido del trabajo, hacer frente a la muerte de un ser querido, divorciarse, casarse, experimentar problemas con el dinero, mudarse a un nuevo hogar, la llegada de un bebé a la familia, etcétera.

Y está bien compartir cualquiera de estos u otros sentimientos con la gente que te rodea, porque son parte en tu vida. Amoldarlo a la necesidad de cada persona sería lo adecuado, como consultar al médico de cabecera, a un asesor religioso, un consejero, en fin, toda herramienta que aporte a la salud emocional e integral.

Agregar también las terapias de tercera generación como el mindfulness, yoga, la medicina de renovación celular, la bioquímica corporal y cerebral y la física cuántica llegaron desde diferentes ópticas a que la mente y el cuerpo estén directamente relacionados y la influencia que tienen el uno sobre el otro es muy poderosa.

Entonces, cuando nos duele algo, nos encontramos cansadas o cansados o surge una enfermedad… el cuerpo nos está avisando. Nuestra mente está interpretando una situación, quizás relacionada de manera íntima con nuestras emociones. «Quizás sea hora de prestar atención y escuchar que nuestro cuerpo habla».

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