El 16 de octubre de cada año, se celebra el Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Su finalidad es concienciar a los pueblos del mundo sobre el problema alimentario a nivel global y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza.
La alimentación es el primer tiempo de la nutrición y engloba cuatro leyes:

Ley de la cantidad

La cantidad de alimentación debe ser suficiente para cubrir las exigencias calóricas del organismo y mantener el equilibrio de su balance.

Ley de la calidad

El régimen de alimentación debe ser completo en su composición para ofrecer al organismo, que es una unidad indivisible, todas las sustancias que lo integran.

Ley de la armonía

Las cantidades de los diversos principios nutritivos que integran la alimentación deben guardar una relación de proporciones entre sí. De esta definición surge el concepto de proporcionalidad entre los distintos componentes, es decir, que no deben administrarse de modo arbitrario, ya que se corre el riesgo de suprimir el hambre pero vivir en carencia de algún principio nutritivo.

Ley de la adecuación

La finalidad de la alimentación está supeditada a su adecuación al organismo. Por finalidad se refiere a que debe satisfacer todas las necesidades del organismo, y por adecuación que solo puede lograrse esta finalidad si la alimentación administrada se adapta al individuo que la ingiere.
En otras palabras, la base de una alimentación saludable es comer en forma equilibrada todos los alimentos disponibles. Para lograr este fin, el concepto integra cuatro aspectos fundamentales que debemos tener en cuenta en nuestra alimentación cotidiana: consumir una amplia variedad de alimentos para incorporar todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita; incluir alimentos de todos los grupos a lo largo del día (cereales, verduras y frutas, lácteos, carnes y huevos, aceites y grasas, azúcar y dulces); consumir una proporción adecuada de cada grupo (algunos debemos consumirlos en una mayor proporción, como cereales, verduras y frutas, y estos deben ser la base de nuestra alimentación mientras que otros hay que consumirlos en menor proporción, tales como azúcares y aceites, porque nuestro organismo no los requiere en cantidad) y al elegir el agua para beber y lavar nuestros alimentos, recordemos que la misma debe ser potable.
La alimentación debe ser suficiente, completa, armónica y adecuada.