Por si no fuera suficiente que nos sorprendamos al recibir la noticia de un quinto sabor en nuestro paladar (los cuatro conocidos son dulce, salado, ácido y amargo), tal como se lo incorporó al debatido umami y su alto contenido de glutamato monosódico (en Oriente aceptado sin discusión de por medio pero en Occidente aún muy criticado y considerado hasta adictivo y tildado como «la nicotina gastronómica»), ahora científicos de la Universidad Washington de Saint Louis, en Estados Unidos, afirman que localizaron en la lengua un receptor químico en las papilas gustativas que permiten identificar las moléculas de grasa.
De esta manera y de continuar con las investigaciones para ratificar la información, se explicaría el por qué algunas personas consumen más cantidad de alimentos ricos en grasas. Y como no todos podrían percibir con mayor intensidad este sabor, el potencial descubrimiento puede significar un gran avance en la lucha contra la obesidad aunque, como todo tiene su lado negativo y una veta comercial, la industria masiva alimenticia también sonríe y sumaría un componente más a sus productos como ya lo hizo con el umami, que se encuentra en pleno boom en Estados Unidos y el furor es tal que, como ejemplo, vale destacar que algunas cadenas de hamburgueserías que lo incorporaron a sus preparaciones no dejan de abrir sucursales.