Este viernes en el Noticero dialogamos con Ignacio Porras, integrante de la Sociedad Argentina de Nutrición y Alimentos Reales (SANAR), sobre la Ley de Etiquetado Frontal para advertir sobre el exceso de nutrientes críticos como el sodio, grasas trans y azúcares totales en productos alimenticios de consumo masivo.

«Trabajamos en pos de lograr una alimentación que sea sustentable, adecuado y saludable, con algo que cruza de manera transversal: la libertad de conflictos de intereses. Es decir, no recibimos financiamiento de la industria alimentaria, farmacéutica, tabacalera ni de bebidas azucaradas y demás, lo que permite saber que nuestros discursos no son torcidos por estas industrias», aclara Ignacio.

«Por un lado, la ley es integral. Lo que más se conoce es el etiquetado frontal, pero es una primera pata. Una vez que se establecen productos que son alcanzados por esta para advertir a los consumidores y consumidoras sobre el exceso de nutrientes críticos, para que tengan decisiones de compra informada, también esos productos van a ser acompañados por una serie de regulaciones como, por ejemplo, que no se puedan vender, ofrecer o patrocinar dentro de entornos escolares. Tampoco que puedan ser publicitados con destino a niñas, niños y adolescentes. Es algo que vemos marcado con evidencia, reciben 60 publicidades semanales de las cuales 9 de cada 10 promocionan productos de muy baja calidad nutricional. La gran mayoría, alrededor de 50%, utiliza mascotas o licencias de Disney o dibujos animados y, al menos, 2 de cada 4 usa personajes famosos como futbolistas, cantantes, influencers y demás para generar que pidan en casa y lo consuman de alguna manera», expresa el activista.

«El impacto que busca tener el proyecto en la sociedad primero es tener mejores elecciones. La gente cuando cuenta con la información elige mejor. Hoy día, solamente 13% de la población argentina lee y entiende el etiquetado nutricional tal como lo vemos en los paquetes. También podemos de esa forma referir que quien come bien es prácticamente un privilegiado, porque no solo tenés que podés comprar sino que también el hecho de poder entender es muy complejo como el escenario está planteado: letras chiquitas, poco contraste, información nutricional y de los ingredientes en el pliego de los paquetes, sellos de aval de sociedades médicas que resaltan productos de baja calidad nutricional porque no son regulados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) sino, simplemente, por un acuerdo económico entre las empresas y las sociedades médicas. Como consumidores somos rehenes de esos acuerdos comerciales que, de algunas forma, guían nuestro consumo hacia opciones que no necesariamente son las más saludables», detalla Porras.

Finalmente, advierte que «hay muchos intereses en juego, hay un lobby enorme por parte de las industrias, hay una presión económica gigante y estamos en año electoral. Eso no es menor, la industria alimentaria paga campañas políticas, paga espacios en medios de comunicación masivos. Esto lleva muchísimo tiempo, pero recién ahora se habla del tema», con «lo complejo que es poner un tema en agenda sobre salud pública cuando tenés la industria alimentaria que no quiere ser regulada».

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