Si en el cuerpo humano de un adulto hay un 70% aproximadamente de agua, en la anatomía de todo rioplatense que se precie de serlo el elemento predominante es, sin lugar a dudas, el mate. Mucho más que una infusión. Desde luego, muchísimo más que la mezcla de una hierba y un líquido. El mate, más allá de lo puramente gastronómico, constituye un elemento social de referencia en Argentina. Es la compañía para el solitario y, al mismo tiempo, el nexo de unión en las reuniones, que va pasando, como la palabra, de mano en mano y de boca en boca. El humeante mate calienta los corazones argentinos en invierno y los refresca en verano con sus azucaradas versiones frías. Casi el 90% de los argentinos toma la infusión y cada año se compran, en total, más de doscientos millones de kilos de yerba.
En el contexto de la conmemoración del Bicentenario de la República Argentina, el Senado de la Nación aprobó el proyecto que establece la declaración del Mate como Bebida Nacional. La propuesta, presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamentó en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos, con cientos de años de vigencia y en progresiva expansión. No en vano, y tal como explicó el senador, el conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica. Inicialmente, la yerba mate era aspirada por los chamanes en las ceremonias religiosas y se consumía como bebida fría. Más tarde, fue conformándose en un alimento básico de los indios, que la sorbían de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. Tiempo después, los jesuitas introdujeron el cultivo en Misiones, el norte de Corrientes, sur de Paraguay y suroeste brasileño.
En la actualidad, la producción de yerba mate se concentra a nivel mundial en tres países. Argentina es el principal productor, seguido por Brasil y Paraguay. La ingente producción criolla le permite atender todo su mercado interno y tener, además, un importante excedente para exportar. La producción se concentra en las provincias de Misiones y Corrientes, y abarcan una superficie de 200 mil hectáreas, totalizando alrededor de 18.000 productores yerbateros, 230 secaderos y 130 molinos elaboradores. Por tanto, además de un elemento propio del folclore patrio, es un importante polo industrial de desarrollo, empleo y crecimiento económico.
Más allá del característico sabor amargo del mate, conviene tener en cuenta sus propiedades alimenticias. Se han comprobado los efectos beneficiosos de la yerba mate a partir de investigaciones científicas llevadas a cabo por casas de altos estudios en distintos países. Posee una importante acción antifatigante y energizante. También debemos destacar la acción tónico-estimulante general, a la que se suma su acción como activador del sistema nervioso central, estimulando las funciones psíquicas, mejorando la atención y la asociación de ideas. También encontramos en esta yerba sustancias que son responsables de la acción antioxidante. Estos han cobrado gran importancia en la búsqueda y mantenimiento de la salud, al prevenir el envejecimiento temprano.
Llama la atención que, siendo el mate una bebida de consumo tan generalizado en Argentina, no forme parte de la oferta habitual en bares y cafeterías. Esto ocurre, en parte, debido a la precaución por las gripes propagadas años atrás, circunstancia que, en cierto modo, habría frenado el comercio del mate en este tipo de establecimientos, con el fin de evitar que multitud de personas compartan la misma bombilla.
Aunque el consumo del mate abarca toda la superficie del país, cabe comentar, como curiosidad, que la provincia de Entre Ríos se lleva la palma. Según se publicó recientemente, los entrerrianos consumen un promedio de 8 a 8,5 kilos de yerba mate por persona por año, lo que se ubica por encima de los 6,5 kilos del promedio del conjunto del país. No obstante, es evidente que el característico aroma de esta yerba se extiende por todo el país, y al visitante —como es mi caso— le asombra encontrar que en cada esquina, a cada momento, llueva o haga sol, el mate está presente. Que el reloj no marca un segundo en que un argentino no esté sorbiendo de la bombilla ese efluvio caliente que nace de la tierra argentina, de las propias entrañas del país. El mate es tradición y modernidad, que acompaña camino del laburo, en las esperas, al paso ligero o en bicicleta. Mate omnipresente, el que lo prueba queda para toda la vida enganchado a esta bendita yerba, que es en realidad mucho más que eso. Sabor a Argentina.
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.

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