«La pobreza no la crea la gente pobre. Esta es producto del sistema que hemos creado, por ende, hay que cambiar los modelos y conceptos rígidos de nuestra sociedad». Así se refería sobre la pobreza Muhammad Yunus, Nobel de la Paz 2006, por sus esfuerzos para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo. Un banquero que no tuvo problema en apoyar las ideas y financiarlas, convencido que la pobreza no es una cuestión económica sino social.

¿Qué comen los que comen? ¿Cómo y de qué modo cambió la dieta humana en los últimos tiempos? ¿Es verdad que no hay alimentos suficientes para cubrir las necesidades actuales de la población mundial? Estos interrogantes nos podrían brindar un primer acercamiento al problema central de la desnutrición infantil, la obesidad como problema de salud pública y el alto costo en el mercado de los productos naturales y orgánicos, entendiendo la alimentación como un hecho histórico, social y cultural.

La idea, generalmente aceptada, de que el acto de comer es algo «biológico» y «natural» da punto de partida al análisis constante que no en todos los países, ni en todos los tiempos, se comió lo mismo, y en donde el término «cultura» encuentra raíces y florece de la mano de los cambiantes ritmos de las sociedades modernas.

La alimentación como hecho social

La relación entre los alimentos y la sociedad se tejen a partir de los eventos que surgieron con la evolución de la familia y la sociedad en sí misma, asimismo influenciadas por los estados y las políticas económicas y sociales vigentes, y los fenómenos de alternancia entre momentos de escasez y de abundancia que dan lugar a estas relaciones entre los alimentos y la sociedad. Así lo analiza la antropóloga Patricia Aguirre en su libro “Ricos flacos y Gordos pobres. La alimentación en crisis”.

De esta relación surgen, entonces, nociones falsas como que la disponibilidad total de alimentos es insuficiente para abastecer la cantidad total de población mundial, mientras que el problema reside no en la cantidad sino en la distribución equitativa, la calidad de los alimentos y la utilización del cultivo y el medio ambiente de manera responsable para que a largo plazo no se presente como problema de disponibilidad. Estos factores nos muestran claramente que estamos frente a una cuestión social.

De esta forma, Aguirre explica que los procesos alimenticios están íntimamente ligados con procesos y cambios a nivel social y cultural, donde la humanidad comienza a entender de manera diferente su relación con los alimentos y, al mismo tiempo, el alimento cambia, lo que significa también cambios a nivel biológico y estructural.

Colombia

En Colombia, 10,8% de los niños y niñas menores de 5 años sufren de desnutrición, de acuerdo con un informe de 2019 realizado por la Gran Alianza por la Nutrición en la que se encuentran la ANDI, Banco de Alimentos y Alimentando Sueños, entre otros, que buscan luchar contra la malnutrición.

Las cifras más recientes son graves y muestran que el 54,2% de los hogares en Colombia presenta inseguridad alimentaria con mayor impacto en Chocó, Sucre, Vichada, La Guajira y Putumayo.

Bajo el criterio de seguridad alimentaria entendida como derecho de todos a una alimentación apropiada, muchos gobiernos otorgan ayudas que no llegan a cubrir las necesidades básicas en las zonas bajo riesgo de desnutrición y posterior muerte.

Las comunidades buscan afanosamente estrategias de consumo que desencadenan en la población pobre problemas como la desnutrición, los cambios de hábitos y roles familiares, la crisis del desempleo y la dificultad añadida de una economía inestable e inflacionaria como, por ejemplo, en países como Argentina y Colombia.

En el caso colombiano, en el informe de la ANDI se establece que los menores de 18 años se alimentan básicamente con arroz y pasta, seguido por el grupo de tubérculos. La proteína de mayor consumo en este sector de la población es el huevo y en segundo lugar los granos secos.

Al respecto, el director de la Cámara de Alimentos de la ANDI, Camilo Montes, manifestó que con este panorama seis de cada 100.000 niños y niñas menores de 5 años murieron a causa de deficiencia y anemias nutricionales con peores resultados en Vichada, que llegó a 115 por cada cien mil niños, Guainía 37, La Guajira 36, Cesar 26 y Chocó 22 por cada 100 mil niños y niñas.

Argentina

Un bebé de siete meses llevado por sus padres en brazos varios kilómetros de distancia hasta el Hospital Juan Domingo Perón de la localidad salteña de Tartagal se convirtió en el octavo fallecido por desnutrición en la provincia del norte argentino a tan solo mes y medio de comenzar 2020.

«No es de hoy que los chicos mueren en esta época del año, hace mucho que sucede esto en la provincia”, sostuvo Josefina Medrano (ministra de Salud) en declaraciones radiales el 11 de febrero luego que anunciaran los medios otra muerte infantil por desnutrición. «Esta es una realidad que el que vive en Salta, el que conoce el terreno y viene trabajando en la salud pública, sabe que pasa hace mucho tiempo (…) El que conoce la situación del norte de Salta y de estos pueblos, sobre todo en la etnia wichi, parece una historia repetida de hace mucho tiempo», agregó la ministra.

Las muertes de menores de edad ocurridas durante este verano por causas relacionadas con la desnutrición o la falta de agua potable llevaron al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, a declarar la emergencia sociosanitaria en los departamentos de Orán, Rivadavia y San Martín.

La declaración de la funcionaria denota la naturalización de un grave problema social. Tranquilidad ante un proceso que parece no detenerse. Y quizás un poco de respaldo histórico sobre la concepción de los alimentos como una mera casualidad y no como un derecho. Sin embargo, lo anterior no es más que la punta del iceberg. En lo profundo de este mar de conceptos, dudas y datos, se esconde una  explicación lógica y más compleja. No sirve solo con saber que los ricos son más flacos porque son saludables y comen lo que quieren y los pobres gordos o desnutridos porque comen accesible, artificial y barato. Se necesita de una postura más profunda y minuciosa para entender los fenómenos y responsabilidades que despliega el tema de seguridad alimentaria entendida como el derecho de todos a una alimentación apropiada.