Resignificar las experiencias puede darnos la valentía para comenzar una gran metamorfosis. Es un paso a paso donde se puede ir reconstruyendo y superando las adversidades.

Seguramente, alguna vez sentimos el deseo de cambiar las vivencias desagradables por otras que resulten un poco más placenteras. Desafortunadamente, hablamos de algo que en ocasiones no podemos llevar a la realidad mediante conductas, pero sí está en nuestras manos resignificar las experiencias.

En este sentido, la psicología nos enseña cómo hacerlo a través de su acercamiento cognitivo, humanista e integral. Además, el psicoanálisis también nos muestra caminos para la transformación.

“Cuando ya no podemos cambiar la situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”, expresó Víctor Frankl.

¿En qué consiste esto de resignificar las experiencias?

Cuando hablamos de resignificar las experiencias nos referimos a otorgarles otro significado. Esto sirve para que veamos lo que sucedió desde otra perspectiva. Una que nos resulte menos angustiante y agotadora. Por ejemplo, si vivimos algo que nos causó gran sufrimiento y dolor, lo podemos transformar pensando que nos sirvió como un aprendizaje. Entonces, al verlo de esta forma, el sufrimiento disminuiría, lo que favorece que nos armemos de valor para seguir adelante.

Cada una de nuestras experiencias la asociamos a una emoción, y el significado que le damos a la experiencia va a estar asociado a ella. Entonces, el darle otro significado va a hacer que nos centremos en otra emoción. Por ejemplo, podemos pasar de tristeza a alegría; la idea es que la transformación resulte ser asertiva.

“Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad, pero con frecuencia son también la fuente de nuestra fuerza”, manifestó Sigmund Freud.

¿Cómo resignificar las experiencias?

Hay una amplia lista de posibilidades para lograr este cometido.

Podríamos comenzar por hacer un monitoreo de tu estado actual, autoevaluar tu yo, lo que sentís, cuáles son tus fortalezas y tus debilidades, desde donde estas observando el entorno.

Captar a tu alrededor qué te puede estar resultando tóxico para que una vez detectado, lo puedas cambiar.

Establecer límites en tu vida cotidiana.

También podrías escribir una lista de prioridades para darte cuenta qué emoción y experiencia hace que te estanques.

A medida que avanzás date tiempo, con calma y sin prisa, a veces existe la posibilidad que tengas que pedir ayuda a gente de confianza o a algún profesional.

Aunque sea sencilla la exposición, no es un camino fácil. Además, buena parte de su complejidad vendrá de una demanda: la de caminar por senderos nunca transitados y, así, tendremos que perdernos y encontrarnos más de una vez.

Resignificar las experiencias también trae sus beneficios como, por ejemplo, liberar tensiones, mayor autoconocimiento, incrementa nuestra autoestima, mayor gestión emocional, más seguridad en la interacción con los demás, generamos resiliencia, etcétera.

Podemos elegir ser quienes hacen una metamorfosis o quienes se quedan en la queja y en la resignación y no echan sus alas a volar.

Seamos valientes para explorarnos, en nuestras profundidades encontraremos un sentido que nos haga anclarnos a la vida con mayor motivación y asertividad. Hagamos de la resiliencia la habilidad que tomemos por bandera para afrontar las dificultades venideras. Resignifiquemos las experiencias para sanar y para seguir adelante.