Empezar a desapegarse no significa dejar de amar sino fortalecer el amor desde la libertad.
¡Qué lindo es ser feliz y ver felices a los demás! Pero para eso es necesario dar espacio. Pensemos en una vela, si la tapamos con un vaso lentamente se quedará sin oxígeno y se apagará. Lo mismo sucede en nuestra vida con lo que no se purifica, oxigena, llena de nutrientes. ¡Confiemos! No tengamos miedo de soltar, no pretendamos tener el control de todo, respetemos a los demás, sus decisiones y deseos, bajemos las expectativas, exigencias y construyamos desde los valores que nos enaltecen como seres humanos: desde la paz, la tolerancia, el respeto y la escucha atenta.
Muchas veces, a lo largo de nuestra vida, nos apegamos a diferentes cosas: pueden ser situaciones del pasado, sufrimientos que no nos permiten ver la inmensidad del horizonte, repleto de nuevas posibilidades de crecimiento, al dinero, a relaciones amorosas conflictivas y vínculos llamados «tóxicos», a objetos, a creencias. En realidad, cuando todo esto nos empieza a angustiar y creamos lazos de dependencia es momento de hacer una pausa y generar el espacio para meditar acerca de nuestros deseos, quiénes queremos ser, qué historia deseamos crear y desprogramar ciertos pensamientos dañinos y limitantes.
Buda nos enseñó que la raíz del sufrimiento es el apego. Como siempre hablamos en Noches Vernäculas, tenemos el potencial y fortaleza para transformar el apego en libertad. Es importante volver al comienzo, al interior que nos sostiene, llenarnos de poder cuando nos responsabilizamos, nos hacemos cargo y, por ende, tomamos conciencia y reconocemos el potencial para revertir ese sufrimiento. A través de nuestro cambio interno mejoramos la relación con el mundo y cada día debemos pulir esa piedra preciosa para que brille con gran confianza, valor, fe y amor hacia el entorno. Es convertir el invierno en primavera y dar lugar a que los nuevos sentimientos florezcan e iluminen a los demás.
Seamos los dueños de nuestra felicidad, bienestar emocional y prosperidad, que no dependa de las condiciones externas, ni de los demás. Todo es circunstancial, por eso rompamos las cadenas, construyamos una identidad fuerte y segura. Dialoguemos con la soledad, seamos amigos, aprendamos a convivir y edifiquemos desde ahí, sin esquivarla, sin huir. Es hermoso encontrarse con uno mismo, darse amor, valorarse y fortalecer la autoestima. No nos dejemos afectar por las adversidades y, en cambio, enfrentarlas. El pasado ya pasó, el presente es el mejor momento para comenzar este gran crecimiento personal, va más allá de nosotros, es iluminar el camino de los demás mientras iluminamos el nuestro. Somos dueños del destino, por eso la importancia de todo lo que hagamos aquí y ahora. Como las aves abren sus alas y empiezan a danzar por los cielos sin límites, hagamos lo mismo, inventemos nuevas técnicas de vuelo y lleguemos bien lejos y alto, compartiendo el canto.

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