Envejecer
El mundo en que vivimos está plagado de incertidumbres como un conglomerado de verdades provisorias, algunas falsas verdades, creencias, opiniones, mitos. Pero existe algo bastante cierto, y es que no deseamos envejecer. Dada su inevitabilidad, quizás el punto sea cómo hacerlo y, sobre todo, cómo sobrevivir.
Se dice que la juventud es valorada cuando es perdida. Entender y valorar cabalmente el significado de lo que tuvo cuando se lo perdió parece ser un vicio del ser humano, también cierto, y algo triste. Este hábito es nocivo, y se aplica a muchas áreas. Pocos agradecen un subsidio de gas o luz eléctrica, o tenerla, pero ante una interrupción o aumento, somos todos fieras de la expresión. ¿Se aplicará la idea de las pasiones de David Hume? Las débiles se apagan con la ausencia, pero las más fuertes reviven con fuerza.
No deseamos envejecer, pero ansiamos la longevidad. Según una encuesta publicada en la revista Psychosomatic Medicine, los adultos mayores que sienten y afirman tener un propósito en la vida tienen una mayor tasa de mortalidad. Ergo, el famoso tema del sentido de la vida no es un capricho teórico de diván.

Foto: www.lawyerswithdepression.com
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A diferencia de la creencia popular, la falta de estrés no es aliada de la longevidad. Ya en 1921, un estudio de la Universidad de Stanford realizado por Lewis Terman rechazaba esta preposición. El estudio implicó realizar un seguimiento (desde su niñez hasta su muerte) de la vida de 1.500 personas.
En los últimos 20 años Howard Friedman, un profesor de Psicología de la Universidad de California, actualizó este trabajo. «Estudiamos a aquellas personas que eran más persistentes, más trabajadoras, más involucradas y lograron más éxitos -con frecuencia las más estresadas- y nos dimos cuenta que fueron quienes se mantuvieron más sanos y vivieron más». Y para terminar de desmitificar la creencia afirmó: «Quienes dijeron «no me estreso, me lo tomo con calma, me jubilo temprano», registraron más tendencia a morir a una edad joven. Esto fue realmente una sorpresa, pues va en contra de muchos de los consejos que escuchamos”.
Parece que los móviles, motivaciones, y el sentido que cada persona construye pesan más que el estrés. Será cuestión de ver qué hacemos con aquello que nos fue dado: la vida.

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