La adolescencia es un período en la vida donde, quien adolece, sufre cambios bio-psico-sociales para buscar identidad, y se vuelven susceptibles a cambios bruscos en su forma de actuar.

Es una etapa donde hay más interés por lo que ocurre fuera de su ámbito familiar. Entonces, se hace imprescindible una buena comunicación dentro de la familia porque, de lo contrario, estarán expuestos y vulnerables a determinadas patologías como las adicciones.

Además, es un periodo crítico donde, si no se da una educación con límites, normas y acuerdos, es decir, si no se ejerce en el lugar donde habita el adolescente una autoridad apropiada, se corre el riesgo que reemplace a los padres o cuidadores por otras personas con quienes se identifique. Porque es una etapa del desarrollo donde se busca identidad a través de referentes.

Es el momento de afianzar lazos familiares y establecer a la par normas, valores, consensos y mucha pero mucha comunicación.

El o la adolescente tiene la tendencia a romper normas, pero aún más, necesita que estas estén para sentir seguridad, aunque molesten. Es obvio que en esta etapa estará en contra de todo lo dicho hasta aquí, pero con el tiempo sentirá agradecimiento.

Asimismo, se identifican rebeldes y libres, no existe el tiempo como tal, siempre hay tiempo para todo, especialmente para estar con sus amistades, y este es el escenario preferido para parecer los mejores, se sienten respetados y poderosos. Es el mejor terreno que existe en el mundo y son lo más importante y verdadero.

Y aquí entramos en un terreno importantísimo a la hora de elegir con quiénes quiere sentirse libre, rebelde, reconocido, valorado y querido. Por ejemplo, muchos creen ser libres siguiendo al grupo o al líder, que en ocasiones son relaciones perjudiciales para su salud y desempeño.

Hablo de las relaciones tóxicas, de aquellos “amigos” que te ofrecen entrar al mundo de la droga directa o indirectamente, aunque al principio no consuman, pero sí son los elegidos para entregarla y ofrecerla. Entrar en este sub mundo es atravesar la barrera del caos, del sometimiento encubierto, es perder la libertad para pasar a la esclavitud y, lo peor de todo, es ir fabricando a una marioneta dentro de sí, con hilos invisibles manejados por gente que puede ofrecer un camino que muchas veces no tiene retorno.

Entonces, el adolescente aquí pasaría de la rebeldía al sometimiento y de la libertad a la esclavitud. Qué fina es la línea de la desesperación.

Este es el punto donde se vuelve tan importante una efectiva y abierta comunicación dentro del ámbito familiar para fortalecer y reafirmar los valores, comprender dónde terminan los límites de los otros y comienzan los propios, los logros, las frustraciones, el caer y volver a empezar, sostener un proyecto, etcétera.

¿Cómo decir que no?

No, una de las cosas más importantes en la vida es ser leal a uno mismo, como también estar preparado para decir no cuando presionen, para hacer algo que no se quiere. No, todos no lo hacen, hay muchos que no se drogan. No, el final es un hospital, la cárcel y con suerte un centro de rehabilitación.

¿Cómo mantenerse firme?

Hacerse de nuevos amigos que no consuman o, también, reencontrarse con amigos o compañeros de la infancia, aquellas buenas personas que ayudaron a escribir una infancia feliz. Cuidar la integridad física, hacer ejercicios físicos, practicar algún deporte. Este ámbito ayuda a la salud física y mental. Cuando se necesite, pedir ayuda.

Finalmente, quiero compartir dos pensamientos que devienen de lo hasta aquí expuesto: “Intenta siempre ser una gran versión de ti mismo antes que una mala copia de otro” y “No hay esclavitud más vergonzosa que la voluntaria”.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Silvia Sproviero.