“La envidia es una pequeñez del alma que no puede ver más allá de cierto punto, y si no ocupa todo el espacio, se siente excluida”, reveló William Hazlitt.

La envidia es como un pequeño demonio en tu hombro que te va susurrando palabras al oído, las cuales hacen crujir tu alma y van convirtiendo tu vida en algo que a menudo está lleno de sufrimiento y negatividad. La envidia también puede ser algo que te irrita y te distrae de vez en cuando.

En cualquier caso, no tiene por qué ser así. Al menos podés intentar minimizarlo en tu vida, si así lo querés, para que puedas pasar el tiempo de forma más tranquila y feliz.

Enfocate en vos

Comparar todo lo que tenés con lo que tienen otras personas es una manera de hacerte una persona miserable. Por otro lado, la envidia alimenta tu ego cuando te comprás el auto más lindo u obtenés un mejor trabajo que otra persona porque te sentís genial.

Pero mantener esta mentalidad y enfoque de querer compararte con la gente, va hacer que termines percibiendo que los demás tienen más que vos. Que alguien tiene un trabajo o un auto mejor que el que tenés hará que ya no te sientas tan bien.

El problema es que siempre va a existir alguien que tenga mejores cosas o sea mejor que vos en algo teniendo en cuenta actividades. Así que no vas a poder “ganar”. Al principio te vas a sentir bien por un tiempo y después ya no. Debés sentirte bien con vos sin mirar al otro, y si algo no te hace sentir bien, entonces debés revisar qué es lo que te pasa con vos.

Según la psicóloga Melanie Klein, el primer objeto de nuestra envidia es la madre y su poder de alimentarnos. Amamos el pecho que nos alimenta, y odiamos al que nos frustra. Ese primer vínculo contiene los elementos fundamentales de la futura relación del bebé con el mundo. Si el vínculo es amoroso y satisfactorio, el bebé desarrollará un sentido básico de seguridad y confianza hacia la gente. Si el vínculo no es ni amoroso ni satisfactorio, se desarrollarán una inseguridad y una envidia profundamente arraigadas y el bebé se convertirá con el tiempo en un adulto envidioso. Cada vez que la envidia se desencadena en un adulto con esas características, las heridas de la primera infancia se reabren con todo su poder destructivo.

Asimismo, el doctor Norberto Levy, psicólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires, nos dice que el profundo dolor de la envidia proviene de enfrentarnos abruptamente con un deseo insatisfecho. Deseo que probablemente habíamos alejado de nuestra conciencia y, ante la presencia de alguien que lo logró, se destaca nuestra propia carencia. El deseo de destruir al envidiado o su logro, no es más que el intento de borrar esa dolorosa diferencia. Afirma que si tuviéramos que elegir entre destruir al otro u obtener lo que deseamos, elegiríamos poseer lo deseado, dado que la razón para destruir al otro es borrar el contraste que resalta la falta.

Trabajo sobre la envidia

En primer lugar, y lo más importante, debemos saber que la envidia es universal. Reconocerla y aceptarla como señal de un deseo insatisfecho es darle una funcionalidad positiva. La envidia viene a recordarnos que hay algo que deseamos y no estamos logrado.

Seria interesante que puedas reflexionar sobre la razón por la cual no alcanzaste ese deseo en particular y, por último, que puedas identificar los recursos que necesitás para hacerlo.

Otro punto importante a tener en cuenta es que el universo es infinito y los objetos que en él existen también. No se trata de que si alguien tiene algo ya no queda para nosotros. Si alguien lo logró, vos también podés hacerlo, lo que no significa que seguramente lo logres. Posibilidad y probabilidad son conceptos diferentes. Es importante que trates de ver qué recursos debés implementar y qué camino recorrer, pero sabiendo que aún así, hay cosas que no obtendrás, y por las que deberás hacer un duelo.

Finalmente, si querés trabajar sobre la envidia te dejo algunas herramientas para que puedas usarlas: aprendé a ponerte en el lugar del otro, comenzá a tener confianza en vos, interpretá tu progreso personal mediante la comparación de tus propias competencias y habilidades y no con las de otros, valorá correctamente tu capacidad, sin infravalorarte ni sobrevalorarte, colaborar (tanto dar a los demás como solicitar ayuda) es un buen medio para dotarte de la pericia que requiere resolver los conflictos que te causan envidia, acostumbrate a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad y no siempre en los negativos, y relativizá tu propio éxito y, si es posible, incluso tomalo un poco en broma.

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