Nos abraza una realidad en el hecho de vivir rodeados de mensajes sexuales que afectan al desarrollo de las personas por enfocarse en una falsa madurez. Desde este lugar, podríamos decir que afecta a la autoestima.

Está a la vista, en el cotidiano, visualizar a través de las redes, fotos o videos en situaciones o modales provocativamente sexuados a muy temprana edad (que puede empezar incluso antes de los diez años), sobre todo de las niñas. Por ejemplo, la ropa que visten, el maquillaje… ponen en evidencia que los más jóvenes beben de un mundo en el que se produjo una hipersexualización generalizada, donde la sexualidad se puso en el centro con unas connotaciones muy concretas.

Citando a Amalia Gordóvil (psicóloga infantojuvenil y familiar, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación en Universidad Oberta de Catalunya), comenta el riesgo que corren estas personas en estas edades de perder una serie de valores fundamentales como la espontaneidad, el disfrute o la creatividad. A lo que agregaría pasar por alto la etapa de la infancia donde tomado desde el plano psicosocial, la inocencia, el juego, la creatividad y los puros sentimientos estarían siendo vedados por causa de estos comportamientos de exposición forzados, a veces por pertenencia de grupo, por moda, porque si no lo hacés estás fuera del sistema, o sea, no sos tenida/o en cuenta. O la frase tan famosa “no existís”.

Además, lo que se vislumbra a futuro es el riesgo de acabar como objetos sexuales. Perdiendo la noción o el foco de lo que realmente significa vivir el sexo pleno y sano en las diferentes etapas de la vida. Porque te diré que, la sexualización supone también la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y niños que no están ni emocional, ni psicológica, ni físicamente preparados para ello.

Precisamente, el Parlamento Europeo abordó este debate cuando contactó con alarma el aumento del número de imágenes de niños y niñas con enfoque sexual. Los puntos trabajados en la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad planteaban algunas reflexiones sobre las consecuencias de esta erotización, en un trabajo que abarca de los seis hasta los trece años.

Anteriormente mencionaba cómo influye de manera negativa la hipersexualización en la autoestima, y señalo también como consecuencia, la posibilidad de caer en trastornos de alimentación de base psíquica. El daño en las niñas puede derivar en degradación valorativa de la mujer y a un incremento de la violencia contra las mujeres y al refuerzo de actitudes y opiniones sexistas que a la larga acaban derivando en discriminación laboral, acoso sexual e infravaloración de sus logros.

Asimismo, se pone el acento en el creciente número de niños y niñas que acceden a internet a edades cada vez más tempranas, lo que supone también avanzar el primer contacto con la pornografía.

Finalmente, comparto un dato interesante: en el libro “American Girl” (2016), su autora Nancy Jo Sales explica a través del testimonio de decenas de chicas estadounidenses una sociedad en la que todas (pequeñas, jóvenes, mayores) quieren parecer hot. Y donde los sexting rings (en los que fotografías de adolescentes desnudos se comparten en amplios grupos) existen en la mayoría de institutos. Entre otras cuestiones, la autora indica que los niños estadounidenses empiezan a ver pornografía en internet a los 6 años, y que la gran mayoría lo hicieron antes de cumplir los 18.