La verdad de la alimentación intuitiva

La alimentación intuitiva nos invita a conocernos a través de nuestra forma de comer. No es una dieta más, ni una moda. Es un modelo basado en evidencia científica y clínica, que surge en los años 90 para ofrecer una alternativa a la cultura de las dietas. Este modelo, desde entonces, estuvo y está en constante evolución.

El problema que surgió es que la industria de las dietas «secuestró» la palabra intuitiva y la contaminó, utilizándola para vender dietas.

Esta marketinera “dieta intuitiva” es absurda, ya que no hay nada menos intuitivo que una dieta. Pero el problema se vuelve aún más complicado, cuando profesionales de la salud presumen trabajar con este modelo prometiendo como resultado descenso de peso.

Esto mete a las personas en el bucle de las dietas a través de engaño y confusión. Además, se contradice con uno de los principios de este modelo de alimentación intuitiva que es: respeta tu cuerpo, ya que la restricción no es auto cuidado.

El objetivo de la alimentación intuitiva es fomentar la confianza de las personas. Para tomar decisiones alimentarias que honren las señales internas de hambre y saciedad, las necesidades nutricionales que incluyan el placer y las emociones. Y así, que se adapten al contexto sociocultural de cada persona. Es una forma de comer libre de juicio, neutral en cuanto al peso, que busca cultivar bienestar integral.

Este modelo consta de 10 principios, que son una guía para transitar el proceso de reconectar con el cuerpo: rechazá la mentalidad de dieta, honrá tu hambre, hacé la paces con la comida, desafiá a la «Policía Alimentaria», descubrí el factor satisfacción, sentí tu saciedad, manejá tus emociones con amabilidad, respetá a tu cuerpo, movimiento y sentí la diferencia, nutrición compasiva.

Los principales resultados de este modelo (AI) son mayor interocepción (capacidad de darnos cuenta qué sucede dentro de nuestro cuerpo) y así lograr una mejor autorregulación de la ingesta, de las emociones y del estrés; reducción de conductas alimentarias de riesgo; mejoría sostenible en indicadores bioquímicos (colesterol, glucemia, triglicéridos); sostenimiento de hábitos a largo plazo relacionados con la actividad física y la alimentación amable; mayor apreciación y satisfacción corporal.

Asimismo, es importante recordar que la alimentación intuitiva, como cualquier otra intervención alimentaria, no es para todos por igual y debe ser acompañada de un profesional que sepa adaptar cada principio a las particularidades de la persona.

Artículo elaborado para puntocero por la licenciada Jorgelina Pérez.

Deja una respuesta