¿Qué es el cierre cognitivo?

Este es un concepto de la psicología que hace referencia a la necesidad de obtener respuestas concretas a ciertas preguntas. Puede entenderse, entonces, como una motivación por superar todo lo ambiguo e indeterminado con conocimientos precisos, lo que puede ser beneficioso a la hora de resolver, pero perjudicial a la hora de pretender un control absoluto sobre el conocimiento, sin posibilidad posterior de contrastarlo y estar abierto a modificarlo. Sin caer en el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) o la incertidumbre total, el ideal es un punto medio donde convivan equilibradamente orden y caos, control y cuestionamiento.

Desde la escuela de la Gestalt, que significa forma, hay una ley que nos dice que siempre vamos a tender a cerrar lo que se nos aparece como incompleto. Esto lo podemos ver claramente en dibujos o textos. Si hacemos un ejercicio de leer un párrafo donde faltan letras, aún lo vamos a poder leer y entender. Lo mismo sucede si dibujamos un círculo incompleto: inmediatamente nos vamos a ver tentados a cerrarlo. Dicho de otra forma, la cabeza no soporta los términos medios, cosas sin cerrar. ¿No te pasó «enloquecer» si no recordás una canción, por ejemplo?

Irónicamente, las personas con una baja necesidad de cierre cognitivo son más creativas y expresan mayor fluidez en sus ideas, mientras que las personas con una alta necesidad de cierre resultan más tercas, decididas, previsibles y ordenadas. En otras palabras, las primeras pueden desarrollar un pensamiento complejo más fácilmente, mientras las segundas tienden más al prejuicio y al autoritarismo. Sin embargo, si no alcanzamos un cierre cognitivo también podemos tener problemas. Pueden ganarnos la ansiedad y el miedo.

¿Qué es cerrar un ciclo emocional?

Es fundamental que al cerrar ciclos emocionales existan motivos para creer en un crecimiento personal, en un aprendizaje. En que vamos a salir mejores. De lo contrario, es muy probable que tengamos miedo a repetir los mismos errores o a que sintamos culpa por lo que hicimos mal. Se crea así una paradoja: existe el deseo de terminar esa etapa, pero a medida que pasa el tiempo cada vez creemos menos en esa salida.

¿Cómo podemos hacerlo?

Muchas veces los rituales ayudan (una carta, quemar ciertas cosas, tirarlas o regalarlas, una despedida, etcétera) según lo que cada uno necesite para darle fuerza, pero lo más importante y difícil es separar el afecto del recuerdo, para lo cual hay que tomar ese monto de afecto, esas emociones, y sanarlas, tomándonos el trabajo de hablar con ellas como si fuera que estuviéramos hablando con una persona, porque esas emociones representan la parte nuestra que no soportamos y por eso se la endilgamos al otro.

Por eso, en realidad, el enojo -en el fondo- es hacia nosotros. Ejemplo: quedé resentido con una persona que me dañó, me traicionó, en el fondo el enojo y reclamo es hacia mí por haberlo permitido y no haberlo visto o haber elegido a esa persona… el otro vino solo a mostrar esa flaqueza, entonces se trata de re focalizar hacia hacerme más fuerte y valorarme más para que no vuelva a suceder, en lugar de esperar que el otro cambie.

Al pensar y sentir se agrega una acción que es el acto de hacer. Quedaría completado el circulo cuando una persona piensa, siente y hace.

A veces, hay personas que tienen buenas o grandes o interesantes ideas que quedan inconclusas porque no las llevan a cabo. Entonces surge el sentimiento de frustración, acompañado de ansiedad porque no pueden llegar a la acción.

En este punto, es necesario reconocer el estado de vulnerabilidad y autoestima para analizar cuáles son las herramientas que se pueden hallar para brindar la ayuda necesaria. Con este ejemplo que acabo de dar, se reafirma el concepto que todas las personas tenemos la necesidad de hacer un cierre en nuestra cognición o pensamiento para elaborar una comprensión.

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