Hace unos días escuché a una señora que hablaba con otra y le decía: “Yo siempre quiero tener la razón. Otras cosas no me interesan, si tengo que pedir disculpas no tengo problemas, pero desde chiquita siempre quise, quiero tener y que me den la razón”.
Pensé en lo que expresaba y me imaginé lo que debe ser convivir con ella, qué difícil para aquellos que están cerca tener que darle la razón en cada cosa que hace y que dice. La señora no se da cuenta que la vida no es cuestión de razones, es cuestión de visiones, porque la razón la tenemos todos. Esta es una cuestión de perspectiva, es cómo nos ubicamos y cómo estamos parados frente a eso que vemos. Nadie me puede decir a mí que eso que veo, desde el lugar que lo miro, no existe o es mi imaginación.
Fondo y figuraEsto se puede comprobar muy fácilmente con unas láminas de figura y de fondo, y hay una muy conocida que es la copa y la cara: yo puedo ver la cara y otro puede ver la copa, ¿quien tiene la razón? Los dos tenemos la tenemos porque mientras miramos y observamos el dibujo, nuestro cerebro tiene un traductor interno que nos dice qué ver y qué borrar.
La razón tiene pasos cortos, pertenece a la mente de la especulación y la confrontación, quien debate y quiere tener razón siempre pierde, porque mira desde una esquina. que es el ángulo que le da la vista en forma finita. Es como entrar a un laberinto, hacer cuatro pasos y encontrarse con un camino sin salida. Justamente, el laberinto en la mitología es un mito de perspectiva y alcance del problema a resolver.
La palabra laberinto significa “aturdir”, “enredar” y “confundir” y los laberintos están hechos como trampas o como pruebas iniciáticas. Si siempre querés tener la razón esto es una trampa de la mente, recorrés el laberinto en forma plana. En cambio, si querés recorrerlo como una prueba iniciática tenés que elevarte para encontrar la salida y aquí viene e interviene la “visión”. La visión está en relación a las ideas, y quien tiene visión tiene “sentido común”, no tiene razón.
laberinto desconsertanteEl sentido común es el sexto sentido del que habla la filosofía hindú como tercer ojo. Muchos tenemos cinco sentidos, pero el sexto aglutina a los otros y da la capacidad de resolver el problema desde el plano del discernimiento.
Tener la visión de un problema es haberlo resuelto en casi un 70% y para eso se requiere paciencia, voluntad y humildad. Paciencia porque el recorrido lleva su tiempo, hay laberintos desconcertantes que al poseer tantas líneas producen una confusión en la retina que obstaculiza vislumbrar la salida (así pasa con los problemas). En la mitología, Teseo se ayudó a entrar al laberinto con el hilo de Ariadna, el hilo de la intuición. Si perdía ese hilo moría por quedar atrapado en el mismo. Además, necesitamos voluntad para recorrer, caer y volver a levantarnos y caminar hasta encontrar la salida, nos lleve el tiempo que nos lleve. Y finalmente, humildad para reconocer que tener la razón no vale de nada, por el contrario, nos muestra el gran complejo de inferioridad y el orgullo desmedido de creerse conocedores de la verdad.