La pandemia de coronavirus hace estragos en el mundo. Además de los más de 26 millones de casos positivos y 870 mil muertes, que exponen una crisis sanitaria sin precedentes, «representa una grave amenaza para la educación de las personas refugiadas en todo el mundo», según un informe de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicado este jueves 3 de septiembre.

El documento, titulado «Uniendo fuerzas por la educación de las personas refugiadas» asegura que la mitad de las niñas y niños en esta situación no asiste a la escuela. “La mitad de los niños refugiados del mundo no estaban escolarizados previamente a esta situación”, expresó Filippo Grandi, alto comisionado de ACNUR.

“Después de todo lo que soportaron, no podemos robarles su futuro negándoles hoy una educación. A pesar de los enormes desafíos que plantea la pandemia, si se ofrece un mayor respaldo internacional a las personas refugiadas y a sus comunidades de acogida, podremos desarrollar más medios innovadores para proteger los avances fundamentales en la educación de los refugiados obtenidos durante los últimos años”, advirtió Grandi.

Al respecto de esta preocupante condición, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) asegura que 1.600 millones de estudiantes interrumpieron su formación educativa como consecuencia de la pandemia por coronavirus.

«Antes de la pandemia, un niño refugiado tenía el doble de probabilidades de no asistir a la escuela que un niño no refugiado. Esta situación sin duda va a empeorar: muchos niños y niñas refugiados probablemente no tendrán la oportunidad de retomar sus estudios por el cierre de escuelas, las graves dificultades para pagar las tasas de matriculación, uniformes o libros, la falta de acceso a tecnologías o porque se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias», detalla el sitio de ACNUR para complementar el informe.

De todas formas, «desde refugiados y comunidades de acogida hasta maestros, socios del sector privado, autoridades nacionales y locales, innovadores y agencias humanitarias, todos encontraron numerosas formas de mantener la educación en marcha frente a la pandemia. Ha sido una demostración de colaboración, generosidad y pensamiento creativo, aliado a la pasión y determinación de millones de jóvenes”, expresó Filippo Grandi.

Sobre el contexto educativo en el que nos encontramos, las limitaciones comprenden al 85% de las personas refugiadas que viven en países en vías de desarrollo o más vulnerables. En cuanto a este sector, un informe previo del año 2019 manifestaba que el 77% de las niñas y niños refugiados se matricularon en primaria, pero esta cifra se reduce a menos de la mitad (31%) en la escuela secundaria. La estadística en educación superior es preocupante: solamente 3% de los jóvenes refugiados continuaron sus estudios.

“Me preocupa especialmente el impacto en las niñas y jóvenes refugiadas. La educación no solo es un derecho humano sino que la protección y los beneficios económicos para las niñas refugiadas, sus familias y sus comunidades educativas son evidentes. La comunidad internacional simplemente no puede permitirse el lujo de no brindarles las oportunidades que se derivan de la educación”, se lamentó Grandi.