El pasado 5 de noviembre se estrenó «Carmel: ¿quién mató a María Marta» y, muy rápidamente, ese mismo fin de semana ya ocupaba el primer puesto de lo más visto en Netflix. Se trata de una docuserie de cuatro capítulos, cada uno de casi una hora de duración con entrevistas a gran parte de quienes protagonizaron el hecho mediático, con mucho material de archivo de lo que fue la cobertura de la prensa y registro oficial del juicio por el crimen de María Marta García Belsunce.

El equipo responsable de esta serie está compuesto de un verdadero «dream team», en la producción y como showrunner encontramos a Vanessa Ragone (quien estuvo detrás de títulos como «El secreto de sus ojos» y «La noche de 12 años«), el director es Alejandro Hartmann («Reset») y el equipo de guion está compuesto por Sofía Mora (directora de «Método Livingston» y además encargada de la investigación de esta producción), Lucas Bucci y Tomás Sposato («Los payasos«). La fotografía estuvo a cargo de Lucio Bonelli («Tiempo de valientes», «Los paranoicos») y la edición de Lautaro Colace («Cuatreros», «Esto no es un golpe«). El éxito no es fortuito sino, claramente, consecuente con el trabajo de un equipo de profesionales a la altura de las circunstancias.

María Marta fue enterrada como víctima de un accidente doméstico, y en una autopsia posterior se descubrieron cinco balas en su cabeza que desataron un escándalo y un misterio que hoy, a casi veinte años, no tiene certezas absolutas. La prensa se alimentó del morbo y la curiosidad ajena y el caso es uno de lo más populares de la historia de nuestro país. Conocemos las caras, los nombres, las frases, los detalles y las teorías.

¿Cuál es el valor agregado de esta serie para volver a contar una historia repetida hasta el hartazgo?

Por un lado, se realizó un saneamiento que consiste en separar la cronología del caso del acompañamiento mediático que entorpece el esclarecimiento de los hechos y los aleja de su naturaleza objetiva cuando los embebe de forma tendenciosa. Entonces, «Carmel» hace una línea de tiempo y ordena los hechos según cada versión. Entre los testimonios encontramos a casi todas las personas que estuvieron en el primer plano del conflicto: por parte de la familia tenemos a Carlos Carrascosa, Irene Hurtig, John Hurtig, Horacio García Belsunce (hijo), y la contraparte como principal antagonista es el fiscal Diego Molina Pico. Además de otras personas periféricas que terminan de configurar los contextos y distintos periodistas que reflexionan sobre el caso de una forma más externa.

Radiografía de la clase alta

Además de la nueva explosión de repercusión en los medios de comunicación tanto como en redes sociales, que volvieron a debatir las mismas cuestiones una y otra vez alrededor de la pregunta «¿quién mató a María Marta?», este documental nos ofrece una radiografía de la clase alta. De una forma muy desenfadada, accedemos a una burbuja delirante de personas que creen que un barrio cerrado es como «un gueto» o que alguien es «pesado» por robar palos de golf y secuestrar labradores como detalles de color. Pero cuando hablamos de temas más serios, la necesidad imperiosa de sostener las apariencias revela los costados más oscuros de la impunidad: el contacto con el poder, los manejos al margen de cualquier norma que hacen que la verdadera pregunta sea: ¿cuántas María Marta existen bajo el manto protector de la burguesía?

Una objeción

Si hay una objeción posible para señalar, está en el cuarto episodio, donde la historia ya está contada casi en su totalidad y se incorporan los testimonios de una «bloggera», una periodista y la anécdota de una médium al servicio de una defensa poco seria de Carlos Carrascosa. Estos testimonios no tienen un aporte que ayude a comprender ningún aspecto del caso, desentona con la rigurosidad manejada en los episodios previos y se empareja a la cobertura mediática que privilegia lo pasional por sobre lo racional. La explicación del propio director implica que estas mujeres tuvieron un papel fundamental en la campaña que se llevó a cabo para limpiar la imagen pública de Carrascosa y que representan a esas personas que generan una fascinación inexplicable por personajes como él, que están condenados por crímenes terribles, como por ejemplo Ricardo Barreda quien, incluso, pudo volver a formar una pareja en ese contexto y recibía cartas de fanáticas enamoradas.

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